Estoy en condiciones de asegurar que 1358 Saint Anthony está viviendo el periodo de mayor estabilidad desde que llegué aquí. Eso siempre puede cambiar en cualquier instante, claro. Y de hecho, la actual situación de Tucker (el está viviendo el periodo de mayor inestabilidad desde que llegué aquí), podría provocar en cualquier momento que la paz que respiramos ahora en nuestro hogar, se viera perturbada. Espero que por lo menos me de tiempo a terminar esta entrada antes de que pase algo… En cualquier caso, Tucker protagonizará en exclusiva el siguiente capítulo. Conviene no perdérselo.
Rachel finalmente no apareció, así que no hubo repintado en rosa de mi hogar. No tengo ni la menor idea de porque no vino, pero creo que ha sido mejor así. En su lugar llegó Robyn, una criatura que a sus 19 años se presenta en su currículum como Operador/editor de cámara, Asistente de producción y Director de cine. Natural de Maryland, se fue a estudiar cinematografía a la universidad Orlando con 17 añitos, haciendo la carrera de 4 años en 2, gracias a un plan intensivo que ofrecían, con 12 horas de clase al día, 6 días a la semana. Y se ha venido a New Orleans porque en la actualidad es donde se cuece la mayor parte del bacalao cinematográfico en los EEUU. Resulta que es el lugar más barato del país para producir una película, y claro, la pela es la pela en todos los lados… Me contaba acerca de una película que se desarrollaba íntegramente en Los Ángeles, pero que había sido rodada completamente en nola… Ya se sabe que en el cine casi todo es mentira. Y bueno, si alguien está interesado en saber más de él, en este enlace se puede ver uno de sus cortos: http://www.vimeo.com/9562846
En cualquier caso, su llegada a la casa fue interesante. Vino con su coche y un remolque de U-Haul (una famosa compañía de alquiler de furgonas y remolques para traslados) cargado a tope con sus enseres. En cosa de dos horas su habitación cobró una inusitada vida. Se trajo su propia cama, una silla de director de cuero, un sofá individual que sólo de verlo dan ganas de dejarse caer y apalancarse durante horas, una lámpara para la mesita de noche, una lámpara de estudio “super-fashion”, una lámpara china para el techo –de esas de papel, pero fea de cojones, vamos-, varias cortinas, un jarrón de porcelana espantoso (para mi gusto, quiero decir), otros adornos variados también de dudoso gusto (vaya, igual es que me estoy haciendo mayor y me sale la vena criticona), algunas fotos familiares, un póster de “Tigre y dragón”, y lo más impresionante, una tremenda alfombra que ocupa casi toda la habitación, de esas típicas que van vendiendo los moros por ahí. Ah, también se trajo dos impresoras tamaño-oficina, una televisión, un jembé con pinta del todo a 100, una guitarra española, un par de mancuernas de 30 libras cada una (joder cómo pesan; haced la cuenta), y dos enormes cajas, una llena de libros y otra llena de botes de proteína en polvo, “Whey” creo que se llama. Me comentaba que la proteína es muy importante para el cuerpo.
Pero lo más interesante de su llegada fue la cara de susto que no sé quitó durante un par de días. Había pagado por adelantado más de 1000 dólares sin saber dónde se metía y de repente se vio en una casa situada en un barrio digamos “curioso”, con un arrendador no menos llamativo (ya sabemos que Tucker es para darle de comer aparte y Robyn no tardó en percatarse de ello), un compañero de piso difícil de catalogar como es James (el colega que pasó el invierno en Alaska), y otro no menos difícil de pillarle el punto, ese ya entrado en años, canosillo, y que con un acento raro le decía que había venido aquí desde la lejana Europa sólo para estudiar inglés… Al segundo día, como pude reconocer en su lánguida mirada un lastimero mensaje que parecía decir algo así como “pero dónde diablos me he metido yo… mamá, mamá, ¿dónde estás?”, lo pillé por banda y estuve haciendo un poco de terapia. Le hablé de Tucker, de su temperamento “pasional” y de cómo hay que saber darle la vuelta, tratarle con mano izquierda y no tenerle en cuenta sus excentricidades… Le hablé también del barrio y da la total ausencia de peligro que yo había percibido en todo este tiempo. Y le hice ver finalmente que en la casa se podía estar realmente a gusto y le prometí que nunca tocaría el saxofón más allá de las 10 de la noche… Posteriormente me reconoció que mi cercanía para con él, a pesar de mi acento raro, le había tranquilizado bastante y había empezado a sentirse mejor. Ahora, dos semanas después de su venida, ya está totalmente relajado y ya ha empezado incluso a tener algunos encontronazos con Tucker. Es que le sale su vena rebelde y contestataria de los 19 años y le pueden las rarezas de Tucker. Y ahí tengo que salir yo, adoptando el rol de anciano de la tribu (bueno, no es que sea un rol, es que es lo que hay, soy el anciano aquí…) y trato de aportar una visión “zen” del asunto haciéndole ver que tiene que ignorar a Tucker y pasar de sus tontadas. Le digo que lo importante no es lo que haga él (el es como es y eso no lo vamos a poder cambiar) si no la actitud que adoptemos frente a eso (es que me llegan powerpoints de esos de autoayuda, y uno aprende mucho, jeje).
En cuanto a James, no ha habido grandes novedades. Sigue siendo para mí ese ser extraño que duerme con la luz encendida y entra y sale de casa con tanto sigilo que es absolutamente imposible advertirlo. Pero la relación con él es correcta, no hay queja. A veces aparece por casa la que debe ser su novia junto con su hija (de ella), pero todavía no he visto a sus dos hijos (de él). No sé dónde están ni si los va a ver ni nada. Bueno, quizá me lo haya contado, pero como no entiendo nada de lo que me dice, pues no sé mucho de su vida. Lo de su acento ya lo he dado por imposible. Me hago a la idea de que es algo así como que un americano va a estudiar español a España y su compañero de piso resulta ser de Cádiz…
Así que ahora que Tucker está viviendo fuera de esta casa (lo cual no le impide entrar y salir cuando le place), se respira un ambiente de cierta serenidad. En todo caso, es mi último mes aquí, ya he decidido (y así se lo he comunicado a Tucker) que el mes de mayo ya no estaré en esta casa. La primera semana me buscaré la vida por algún lado y el resto del mes lo dedicaré a viajar, ya que mis clases habrán terminado. Necesito conocer otros acentos, practicar el idioma con otro tipo de personas… mi formación lingüística lo requiere, no me queda más remedio que viajar… Pero bueno, todo eso aún está por venir, y este mes promete ser muy interesante.

El cuarto de Robyn. Aún no ha conseguido ubicar todos sus trastos. Al fondo, primera imagen de Tucker en este blog...
I can affirm that 1358 Saint Anthony is enjoying the steadiest period since I came here. This could change in any moment, though. In fact, Tuckers’ current situation (he is living his unsteady period since I came here) could trigger a home adversity sooner than later. At least, I hope to have time enough to finish this post before something wrong happens… Anyway, Tucker will be the main character on the next episode. Don’t miss it!
Eventually, Rachel didn’t show up, so there was no home pink re-painting. I have no idea why she didn’t come, but I reckon it’s been better for us. Robyn took her place. He is a 19 y.o. baby whose resume shows him as Camera Operator/Editor, Production Assistant and Filmmaker. Born in Maryland, he studied at Orlando University when he turned 17 and graduated a 4-year major in 2 years, thanks to the intensive program offered by the University: 12 hours a day, 6 days a week. And now he has just moved to Nola because this is the new Hollywood in the US. It turns out to be the cheapest place to produce a movie, and it’s well known that money counts everywhere… He told me about a movie where all the scenes are supposed to belong to LA although it was totally filmed here… movie world is an illusion, of course. Well, if someone is interested on him, here is the link where to watch one of his short-movies: http://www.vimeo.com/9562846
In any case, his coming turned out interesting. He got home with his car towing a small U-Haul trailer top filled with his stuff. In less than two hours his room astonishingly came to live. He brought his own bed, a leather desk chair, an individual armchair which “invited” to lay down on it for hours, a bed site lamp, a state-of-the-art desk lamp, a dreadfully ugly Chinese paper hanging lamp, several curtains, a hideous porcelain vase (not my cup of tea, I mean), a number of dubious taste ornaments (well, maybe it’s my fault, I’m becoming older and I’m always criticizing), some relatives’ pictures, one poster from “Crouching Tiger, Hidden Dragon”, and the most impressive, one huge carpet covering almost all the room, one of those typical carpets sold by the Arabs in the streets. Oh, he also brought two office-sized printers, one TV, a $1-shop-look jembe, a Spanish guitar, two 30-pound dumbbells (30 pounds each one, damn, too heavy…), and two big boxes, one plenty of books and the other one plenty of Whey jars. He told me that proteins are extremely important for our bodies.
However, the most interesting thing about his coming was how he couldn’t help the scare showed in his face for a couple of days. He had paid more than $1000 in advance not knowing where he was going to live. And all of the sudden he found himself in a house located in a, say, “peculiar” neighborhood, meeting a not less peculiar landlord (we know that Tucker must be treated as a special case; and Robyn was aware of that right away), meeting also a roommate (James) difficult to get it (the guy who spent the winter in Alaska), and meeting that grey-haired elderly roommate saying with his strange accent that he had come from the distant Europe only to study English… On the second day, since I noticed from his languid look that he was feeling something like “oh, where the hell am I?… Mum, mum, where are you?”, then I talk to him and tried to do some kind of therapy. I talked about the passionate temper of Tucker and how it’s necessary to be patient and astute to deal with him and his eccentricities… I also talked about the neighborhood pointing out that it’s totally safe. And finally, I tried to prove him that the house was a nice place to live and I promised him not to play my sax after 10pm… Later on he told me that my approach to him that day, despite my weird accent, was reassuring and he felt much better. Now, two weeks after his coming, he’s relaxed and he even has started some fights with Tucker. Well, he is 19 and it’s normal he shows that rebellious character against Tucker’s eccentricities. Then I take the tribe-ancient role (anyway, maybe it’s not a role but a real fact, I’m the oldest here…) and I try to give a “zen” vision of the situation in order to calm the atmosphere and suggesting that is better to ignore Tucker. I tell Robyn that the important thing is not what Tucker does (Tucker is like that and nobody is going to change it) but the attitude to face that situation (you know what, getting so many self-help power points in the mail, teaches you a lot, hehe).
As for James, no important news to mention. He’s still that odd human being who sleeps with the light on and goes back and forth across the house so silent that is impossible to notice whether he is in or he is not. Nevertheless, we get along well so far. His girlfriend is hanging around sometimes with her daughter, but I haven’t seen his two children yet. I don’t know where they are living. And I don’t know if he visits them sometimes, either. Well, he might have told me, but since I don’t understand him, I know very little about his life. His accent is impossible to me. It’s like an American who is going to study Spanish in Spain and his roommate turns out to be from Cadiz…
So, with Tucker living out the house (which doesn’t stop him to come in whenever he wants) there is a calm atmosphere in the house. Anyway, this is my last month here. The decision it’s already taken (and Tucker knows that) and next I’ll be out from this house. During the first week of May I’ll try to stay in a place in the city, and the rest of the month I’ll be traveling due to my classes will be over. I do need to know other accents, I do need to practice the language with many other people… my linguistic training needs that challenge, there is nothing I can do about that but traveling… Anyway, all this issues are yet to come. And this month is coming pretty interesting.
#1 by Inma on 5 abril, 2011 - 12:10
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Bueno, con tanta cosa que se ha llevado…¿dónde os habeis metido los demás?.
Me encanta tu labor de “anciano zen” ja jaa. Podías pasarte por aqui, a ver si lo intentas con mi hijo…y lo que es más importante, a ver si funciona.
#2 by jlpueser on 6 abril, 2011 - 5:34
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Espera que ponga las fotos de todo lo que ha traído Tucker…
No tengo nada claro que sea capaz de influir en la vida de nadie… así que mejor búscate a otro anciano por ahí, jaja..
#3 by Inma on 7 abril, 2011 - 13:00
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Lo que más me gusta, es la cesta de la” ropa sucia”¿ o no es ese su cometido?. El farolillo chino no es feo sólo incómodo de ver.
A Tucker lo has pillado de sorpresa…¿ Qué estabas en la puerta esperando a que entrara él? No seas travieso que ya no tienes edad…
#4 by morigan on 7 abril, 2011 - 13:29
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Jo, que decepción, yo pensaba que tucker era afroamericano… no se porqué, pero esa era la imagen que tenia de tu casero…
Bueno, tu pon mas fotos, que eso mola.
Oye, ¿y no te aburres de estar tanto tiempo en NOLA ahora que ya no hay carnavales?
¿Sabes que podias hacer?
En Semana Santa te pillas un tambor y sales a la calle a ofrecerles a tus vecinos una rompida de la hora individual, ahora eso si, no te pongas el cucurucho, que pensaran que eres del KKK…
#5 by jlpueser on 8 abril, 2011 - 6:06
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El farolillo chino es feo de cojones… Y sí, es la cesta de la ropa sucia. Y nos la lavamos nosotros solicos. Somos hombres pero muy apañadicos.
Creo que comenté al principio que Tucker era blanquito. Bueno, siento la decepción… Espero que la próxima entrada te quite ese sinsabor.
Lo del tambor no es mala idea, pero corro el riesgo de que todos los niños del barrio se sumen a la fiesta y se monte un sarao de mucho cuidao…
No, no es posible aburrirse en Nola. Ese es el problema. Hace un par de semanas iba paseando sin prisa por una de las calles de “uptown” y se avalanzó sobre mi esa sensación como la que viví un día paseando por el Pelourinho en Salvador de Bahia. Esa sensación de intensa paz y felicidad que me lleva a rumiar que no estaría nada mal vivir en esta ciudad… No es difícil acostumbrase a la embriaguez musical que te atrapa en Frenchmen st., o a los otros bares que desperdigados por la ciudad ofrecen inolvidables momentos musicales, o a los acogedores Community Coffe que encuentras en los lugares más bonitos de la ciudad, o los paseos por la alegre Magazine St., o las carreras por el inmenso y agradable City Park, o el ir de compras al bullicioso French Market, o los paseos a la sombra de los balcones por el French Quarter con los músicos callejeros desperdigados por cada rincón, o la esquina del “Foot Locker” en la entrada de Bourbon St. con los “to be continued” soplando sus instrumentos con toda su alma, o incluso un paseo de tanto en tanto por la incalificable Bourbon st., o los encuentros con toda la gente encantadora que estoy conociendo aquí… No, aunque ya no son carnavales, no me puedo aburrir en esta ciudad. Ese es el problema.
#6 by Dutty on 10 abril, 2011 - 8:42
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Hola, mil perdones por la ausencia en este blog!
Llegaron los examenes y cuando los termine no me acorde de ti JL. sorry!
Ya veo que tu vivienda es de los mas… singular, por llamarlo de alguna manera no?jajaja
Prometo volver a integrarme poco a poco en el blog! Ya me lei todas las entradas que hicistes desde que no me meto! No se si alguna vez he leido tanto…jajaja
Ya he visto queno te pierdes nada de alli!
Un abrazo para todos
#7 by jlpueser on 10 abril, 2011 - 15:06
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Hombre Dutty, hola de nuevo!
Pues nada, ya ves, por aquí sigo, tan feliz.
Abrazos!