Dar una vuelta por Bosra o Maalula o cualquier otro lugar de nombre hasta ahora desconocido, puede sonar simplemente exótico, pero pasear por Damasco… Hay una serie de nombres de ciudades que aunque no sepas mucha historia, como me pasa a mí, son tan sugerentes que el hecho de estar paseando por sus calles te pueden hacer sentir alguien especial. Aunque conviene no flotar demasiado porque hay que estar atento a que no te atropellen al cruzar la calle (absolutos descerebrados conduciendo), a no meter la pata en los numerosos baches, a esquivar constantemente a los miles de seres que pasan de un lado para otro con prisas… y entonces me da la sensación de que para toda esa gente vivir en Damasco no les hace sentir especiales.
Pero si aprovechas para perderte por las calles de la ciudad vieja un viernes, con todo las tiendas cerradas, y con la mayoría de sus habitantes durmiendo en su día de fiesta, el paseo resulta realmente grato y seductor. Pero no es menos atractivo adentrarse cualquier día en sus numerosos zocos e ir parando de tienda en tienda hablando con los vendedores, contándoles de dónde eres, cómo te llamas, si estás casado, si tienes hijos… Y qué decir de la mezquita Omeya, la tercera más importante del mundo, después de las de La Meca y Medina (vamos, es lo que dicen los lonly). Y otros muchos rincones que los relajados pasos van descubriendo.
Pero en lugar de hacer de guía e intentar transmitir además las numerosas sensaciones, me limito a poner un puñado de fotos y a sugerir a cualquiera que lea esto a que se venga por aquí a recorrer sus calles con sus propios pies y a fantasear con su propia imaginación. Las fotos nunca pueden transmitir lo que toca ahí adentro, al menos las mías no.
Pero si a alguno le puede tirar para atrás ese miedo a una cultura tan alejada de la nuestra, decir que hacía tiempo que no me encontraba con una gente tan amable y simpática, gente que me ha hecho sentir realmente a gusto en todos los momentos, gente que me ha transmitido que las personas podemos llevarnos bien independientemente de cuáles sean nuestras creencias, a pesar de que nuestros políticos se empeñen diariamente en hacernos sentir lo contrario.














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