Archivo de Septiembre de 2007

Tchau Salvador!

Miércoles, 26 de Septiembre de 2007

Pelourinho
La etapa Bahiana y también brasileira ha tocado a su fin. Di un último paseo por las calles del Pelourinho pero no hubo melancolía, si no una suave sonrisa dibujada en mis labios que me acompañó en todo el camino. Cuando sabes que pronto vas a volver a un lugar, no hay espacio para la tristeza si no ilusión por la vuelta.

En la casa los últimos momentos discurrieron con mucho calor. Ya queda muy poca gente en ella, muchos marcharon ya, pero los que nos juntamos ahí las últimas horas estuvimos muy a gusto, compartimos los escasos pero ricos alimentos que encontramos por los estantes, nos tomamos unas cargadas caipirinhas caseras y hasta improvisamos un rato sobre unas canciones de Flavio.
Y todo ello con la alegre certeza de que pronto volveré a ver a algunas de esas personas que me hicieron tan feliz en este tiempo pasado allí.
DespedidaBispo

Esto lo escribo desde Iguazú, pero ya os daré envidia en la siguiente entrada, jeje.

Cuidado con la poli

Viernes, 21 de Septiembre de 2007

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Esto pasó ya hace un tiempo, poco después de llegar a Salvador, pero como prometí a Teresa y Txell que cuando me mandaran estas fotos las pondría en el blog, pues aquí están. La historia fue más o menos como sigue:

Estaba cenando apaciblemente con ellas cuando los caras que estaban en la mesa de al lado se pusieron a conversar e invitados por la lluvia que comenzaba a caer se refugiaron bajo nuestre sombrilla (haciendo funciones de “parachuvas”) buscando protección y proximidad a las meninas, claro. El morenito resultaba ser cada vez más peculiar a medida que iba soltando prenda. Su camiseta del Ché contrastaba con sus bermudas playeros. La camiseta imagino que era la parte de su personalidad que le acercaba al mundo de la maconha (ante la duda, consultar en internet), suponiendo que se pueda asociar al Ché con la misma, pero ahí terminaba su faceta “alternativa”. No acabábamos de creerle cuando nos dijo que era policía de profesión, pero ante nuestra incredulidad nos enseñó un carnet que se suponía era su credencial… El otro cara estaba muy callado mientras el poli desplegaba todos sus encantos, pero también nos sorprendió cuando nos dijo en qué trabajaba: submarinista de profesión. Cuando ya nos echaron del local, insistieron en ir a su coche para ponernos unas canciones de moda que nos iban a gustar mucho. Y bueno, aunque eran casi las dos de la mañana, accedimos. Al fin y al cabo estabamos protegidos por un policía… Y allí estaba su carro, el típico coche de bacaladero con todos los cristales tintados de negro (hasta el delantero, es muy típico en Brasil; como se enteren en españa…), maqueado con sus llantas de aleación ligera y todas esas mamoneces. Cuando entró dentró pensé que la camiseta del Ché se iba a desintegrar, como en las pelis de vampiros… Y ahí los tenemos en la foto intentando conectar un cable que se había soltado para poder ver el vídeo con las dichosas canciones. Enseguida me percaté de cuál era el problema con el cable (para algo tiene que servir estudiar…), pero ni se me ocurrió abrir la boca, el tema no pintaba nada bien, me estaba imaginando una fiesta bacaladera en toda regla y no estaba mi alma para esos trotes. A los 10 minutos el submarinista desistió y decidieron poner la música sin el vídeo. Y ahora hay que imaginar la escena: 2 de la mañana, calle desierta y silenciosa (raro, pero sí, no había ruidos) con sus habitantes placidamente durmiendo, las puertas del carro abiertas de par en par y el amigo “Guevara” pone una canción a todo volumen que nos hico echar para atrás. Nos dijo de entrar en el carro y le miré sonriendo como diciéndole “estás tonto u qué…” y cuando se acercó al mando del volumen para supuestamente bajarlo como yo pensaba, pudimos comprobar que el amplificador todavía daba bastante más de sí… Tras media canción entendiendo que el tipo no pensaba bajar el volumen, le pregunté por señas (no había otra posibilidad) si no pensaba que igual estaba molestando a la gente que dormía en el barrio. Me miró sorprendido y también con gestos bastante claros (el lenguaje gestual siempre ha tenido amplios recursos) me hizo ver que no pasaba nada, que aquí las cosas son así y que nadie iba a decir nada… Así fue realmente, nadie se asomó a las ventanas, nadie llamó a la policía (para qué, si ya estaba el allí), todo transcurrió con toda naturalidad en el rato que allí estuvimos. Yo decidí marchar y las chicas no cometieron el error de aceptar su invitación de ir a dar una vuelta en su carro… Cuando ellas se metieron en el albergue que estaba al lado, aún me dijeron los caras que me llevaban hasta el mío, diciendo que era peligroso ir solo a esas horas (lo cual era cierto, la verdad), pero les dije sonriendo “sí, ya sé que es peligroso, pero creo que corro muchos más riesgos yendo con vosotros…”. Y salieron zumbando también sonriendo…
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Itaparica

Viernes, 14 de Septiembre de 2007

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Vine a Itaparica hace un par de semanas y tuve claro que tenía que regresar. Y este fin de semana se presentó la oportunidad de volver porque los “Kasta tutum” actuaban allí (Jonathan y compañía) y así además de visitar la isla, íbamos la “hinchada” a darles calor. La actuación fue en la playa, tal cual, con antorchas, hogueras, las estrellas resplandecientes y un buen puñado de agradable gente que daba aún más calor a la noche.

Itaparica es una isla que está frente a Salvador de la que me pondría a explicar muchas cosas, casi todas buenas y no pararía en un buen rato, pero como no tengo ganas de meter rollo ahora, lo voy a resumir bastante: Itaparica es uno de esos lugares al que no me importaría ir a vivir. Es más, me gustaría vivir aquí.

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Esta es la casa que tiene alquilada el padre de Wander (bueno, ya hablaré otro rato de Wander y sus historias). La casita es pequeña, unos 50m. pero el jardin tiene unos 750m. Para José Luis, el padre de Wander, jubilado de 70 años, es suficiente para pasar una vejez feliz. Si añadimos que el alquiler de este lugar son 120 euros al mes, se le pueden empezar a poner los dientes largos a más de uno. Y sí terminamos sabiendo que nada más cruzar la valla de madera y cruzar el camino, tropiezas con la playa e incluso caes al agua si la marea está alta, es entonces cuando te empiezas a plantear muchas cosas…

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Momentos de relax del Jonhatan, David y Maria antes de entrar a comer al jardín.
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Bueno, cada cual tiene sus formas de relajarse, claro. Aquí tenemos al “Toro” practicando unas acrobacias.

Babel

Miércoles, 5 de Septiembre de 2007

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Un día Dios tuvo la ocurrencia de confundir a los pobres desgraciados que estaban levantando la torre (joder, el tío no tenía idea buena) y desde entonces para entenderse con los seres que habitan más allá de las fronteras propias te las ves putas.
Así es el centro cultural de la rua do bisbo, mi hogar en la Bahía, una torre de babel donde las conversaciones entre los que allí moramos se llegan a hacer en nuevas lenguas que se van creando sobre la marcha. Así, el portuñol es la lengua más hablada, y luego existen todo tipo de mixturas entre portugués, español, lunfardo argentino, italiano, inglés, algunas trazas de francés y esta semana hasta catalán… Por ej. con el dueño de la casa, Raider, que es noruego, me comunico en portuñol, con Flavio (el duende) tipo magnífico que es brasileiro y vivió dos años en Italia en italoportuñol, con Tanaquil en portuñolinglés (holandesa que sale en la foto con la otra bella criatura, Maite, uruguaya) … y así podríamos ver otras muchas curiosas variantes comunicativas.
Pero en cualquier caso, cuando hay voluntad de comunicarse no hay fronteras humanas ni putadas del altísimo que puedan evitarlo.

Pongo algunas fotos de la vida y los seres que pueblan la casa.

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La capoeira, inevitable en la Bahía, y también en la casa.

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Dos bellas criaturas

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La cocina es el principal centro de reunión

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Memorable noche con perolón de gazpacho y tortillas de patata. Una se me espiazó un poco al sacarla de la sartén, qué torpe, no cambio…

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Uno de los espacios de reunión.

Meninos

Sábado, 1 de Septiembre de 2007

3 de la mañana. Un menino da rua está llamando a la campana de la casa insistentemente prometiendo no dejar dormir a nadie hasta conseguir algunas monedas para comprar algo de comida. Héctor ya no sabe qué decirle para que se marche y el policía de la esquina observa la escena impasible, como es habitual en ellos, imperturbables ante cualquier situación. Supongo que si corre la sangre harán algo, al menos apartarse para que no les salpique…
Movido por una desazón que me va hurgando ahí dentro desde que llegué a Salvador, salgo a la calle y le miro a los ojos (primera vez que me atrevo a hacer eso con una de estas personas) y le pregunto que qué quiere. Deber tener 10 ó 11 años. Le faltan 45 céntimos para poderse comprar un “lanchonete” (un minibocata). Sé que no le puedo dar el dinero, si lo hago saldrá corriendo calle abajo y al llegar a la esquina le comprará al camello de turno una dosis de crack. Así que me lo llevo de allí en busca de algún lugar para comprarle algo de comer. La ciudad ya está prácticamente dormida y me intenta llevar hacia las calles prohibidas y le digo que ni de coña, que si no encontramos algún sitio abierto por los alrededores, que se olvide. De camino le pregunto que dónde duerme y me señala el quicio de un portal que había un poco más adelante. Por fin vemos que tras la esquina de una de las calles de las que marcan el límite de seguridad los policía-estatua parece haber algo abierto. Le pregunto al policía si considera seguro que me acerque hasta la esquina y niega con la cabeza. Un gorrilla se acerca hasta mí y se ofrece acompañarme; el propio niño me aconseja que le pida al poli que me acompañe él. Este accede y nos “escolta” a 10 metros hasta la esquina. Allí hay un lanchonete abierto y entre miradas extrañadas y silencios le compro el paquete de galletas que el menino me pide. Salimos y se marcha con paso rápido, descalzo, y se pierde en la oscuridad; quizá ese paquete de galletas le sirva como moneda de cambio para su dosis. Miro al policía, y regresamos los 20 metros que nos separan de la zona segura. Me voy a paso lento hacia la casa e intento dormir.

¿Cuántas parejas que desean adoptar un niño y están esperando años para conseguirlo se llevarían a uno de estos meninos a su hogar si “el sistema” que los deja morir en las calles permitiera darles esa oportunidad?

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