Tras la entrada breve anterior voy a hacer una larga y así me pulo de una tacada Alepo. Hablaré de todo un poco.
El hotel elegido fue el Al Andaloss – اﻷندلس (las transliteraciones que hacen dejan mucho que desear) y cuando me preguntaron que de dónde era aproveché para pedirles que me alojaran gratis, ya que esa era mi casa… pero no coló. El que me atendió en desenfadado inglés era un vivaracho chaval de unos 22 años con aires de triunfador en ciernes, delatado por su camisa de seda, los zapatos de punta estilo italiano y su cuidado peinado. Si además hubiera sido un poco más alto sería el amo del barrio, y dándole tiempo, de toda la ciudad. Posteriormente, Elise y Jessica, dos francesas que conocí en el sofá del hotel y con las que he compartido estos días, me confirmaron mis apreciaciones y las ampliaron con nuevos datos: el aprendiz de capo también se desenvolvía con soltura en el terreno sexual. A los dos minutos de llegar ellas al hotel y aprovechando la media hora que les dijeron que necesitaban para preparar la habitación, ya se las había llevado junto con otro colega del hotel a dar una vuelta por el barrio. En el breve paseo se percataron sin el menor atisbo de dudas que esa misma noche podrían dormir mucho más calientes de lo que el tórrido clima de Siriano (¿se dirá así?) ofrece cada noche. Le pierde que se salta todos los protocolos al uso en estos casos. Pero es un trabajador inagotable, lo he observado durante estos días y es admirable. Cuando aprenda un poco más, será un auténtico depredador.

Esa es la fachada del hotel, el ventanuco entreabierto es el de mi habitación. Y en la otra foto vemos la habitación, una doble con baño. Obsérvese la habilidad de estos sirios para dotar de baño a una habitación. Y también hay que tener cierta habilidad para poder defecar a gusto. No sé yo cómo habría que hacerlo si la compartiera con alguien y se quisiera tener algo de intimidad…
Los paseos por esta agradable y acogedora ciudad han resultado siempre entretenidos. En la manzana de al lado ya tengo un grupo de “amigos” que cada vez que paso por allí me pego una hora bebiendo “chais”. Manuel (sirio de la cabeza a los pies, pero así se llama el mozo) me presentó a “Alejandro” (lo entrecomillo porque es el apodo que se ha puesto para cuando conoce a un español), el cual tiene una novia venezolana, por lo que chapurrea algo de español, es muy gracioso escucharle. El problema que tiene es que como está casado con una siria y tiene dos hijos, no le resulta fácil la relación con la venezolana… bueno, tremendo lío lo que me contó.
Todo esto de conocer a estos personajes, comenzó cuando entré en un taller de reparación de motos y bicis. Me llamó la atención ver en la puerta unas bicis eléctricas (las hay a montón en Siria, de variadísimos modelos, corren que se las pelan, la solución más ecológica al asunto del transporte) y como aún rondaba en mi cabeza la posibilidad de hacer el final del paseo por Siria en bici, pues miré a ver qué tenían. Bueno, lo de continuar viaje en bici ya ha sido descartado porque no tengo tiempo suficiente, pero la próxima vez… El caso es que charra que te charra me iban invitando a tés y presentando a gente. Hay otro tipo, este sí casado con una venezolana, que es tornero-fresador. Estuve a punto de hablarle de Pepín Tré (la mayoría imaginaréis por qué me ví tentado a ello), pero comprendí que iba a ser una tontada y me contuve.
Y bueno, me dejaron una bici, esa de la foto (el paquete del portamaletas son las baterías), y me di unas vueltas por la manzana. No está mal el cacharro, pero un poco inestable y con frenos precarios; mejorable, vamos, pero buen intento. El jefe del garito es el típico manitas que igual le da un roto que un descosido y entre reparación y reparación se dedica a fabricar engendros con ruedas. Esa bici me la vendía por 200 dólares. Ya me gustó, ya, pero a ver dónde la meto para traérmela a casa…
También estaba fabricando, entre otros cacharros, una bici con motor de gasolina, la de la otra foto.
El tipo ese no es el jefe, sino un empleado, el cual ahí todavía sonríe, pero no sé qué debió hacer mal pero la cayó una bronca de diez minutos ausente de violencia pero sobrecogedora por la duración. Fue cuando aproveché para despedirme cordialmente y decir que volvería otro día. Como así he hecho. Ya les he encargado un kit completo de motor eléctrico para llevármelo a casa en la maleta, que eso sí que me cabrá. A ver si me lo consiguen a tiempo. Antes de eso Alejandro me llevó por todas las tiendas del barrio para ver si conseguíamos mejor precio, pero aparte de un montón de tés, sólo pudimos confirmar que el único que lo podía conseguir era el manitas este.
Pero no solo hay bicis eléctricas en Alepo, también tiene una ciudadela imponente. Pero como ya he hablado mucho de castillos y piedras, pongo sólo un par de fotos, muy mal sacadas eso sí, porque no encontré un ángulo que muestre que la ciudadela es algo así como un volcán en cuyo cráter
está la fortaleza. Las chicas son Jessi y Elise y el que falta es Luca, otro francés, simpaticote e interesante él, al cual adoptaron las chicas nada más llegar a Siria al aeropuerto y han seguido viajando juntos. El problema con Luca es que nunca sabes ande se mete, la habitual pregunta era ¿dónde está Luca? Y oye, el que tenga curiosidad por saber cómo es la ciudadela, que venga por aquí, que es bien barato, seguro, entretenido y saludable.
Lo de saludable lo digo por ej. por lo de los zumos. Posiblemente es lo que más voy a echar de menos cuando regrese. Beberse un zumo recién exprimido o licuado de lo que quieras te cuesta unos 70 céntimos de euro. Pero no estamos hablando de un vasico, no. Hablamos de medio litro o más, según donde lo pilles. Los he llegado a encontrar hasta por 40 céntimos. Verídico.
En el momento de la foto (imposible hacerles sonreír, y eso que siempre están de cachondeo) me había pedido un batido de plátano, no sé si se distingue junto al tipo de la izquierda. Por la mañana suelo pedir naranja con zanahoria, y luego cuando salga del ciber pediré uno de caqui con fresa y miel, que me lo pedí ayer y estaba impresionante. Los sitios de zumos aquí en Siria se reconocen fácilmente: un montón de bolsas de naranjas colgadas y frutas variadas, y cuando veo eso, todas las glándulas empiezan a segregar emocionadas. Cuasi-orgásmico.
Y paseando te puedes encontrar lugares con historia como el hotel Barón, en el que Agatha Christie comenzó a escribir “Asesinato en el Orient Express”. Ahí estamos tomando una cervecita en el bar.
Debía haber cierto espíritu inspirador en el ambiente y los franceses se liaron a escribir diario (ahí vemos a Luca, por fin apareció). A mí no me tocó ese espíritu, pudo más el de la Sakara egipcia, que a falta de Almaza sirvió para refrescar el sofoco inevitable al pasear en horas más propias de hacer la siesta.
Y las imágenes que te puedes encontrar por la ciudad son variadísimas, podría poner fotos de la concurrida mezquita, del animadísimo zoco, de las bonitas callejuelas en las que te puedes perder horas y horas, y claro, se haría muy larga esta entrada. Así que pongo algunas fotos más de escenas que me llamaron la atención. Como esta en la que espero que se aprecien los generadores eléctricos. Toda esa calle estaba llena de generadores en sus portales, todos encendidos produciendo un ruido agotador, debían tener algún que otro problema con la luz eléctrica. Pero debía ser algo bastante permanente, porque uno no se compra un generador por vicio.
O estas otras en pleno centro, junto a un horno. Todos los días que paso por allí se pueden ver los “jubs” o deliciosos panes árabes distribuidos por la acera, bien en el suelo, bien colgados de la barandilla, y la gente va pasando por ahí y se van llevando los puñados que necesitan. Viendo el reducido espacio que tienen en el horno, imagino que es la única forma de que disponen para hacer la distribución. Por ahí pasan los de los restaurantes, tiendas o simples transeúntes y van comprando el pan. Sencillo.

La moda femenina también llama la atención. Más aún cuando ves que a las tiendas entran la mujeres que van todas de negro y con su correspondiente velo.
Es un misterio para mí el saber para qué entran a las tiendas y miran tan interesadas los vestidos. ¿Se los ponen en casa sólo para sus maridos y les montan la pasarela? Los de las foto son una simple muestra y son bastante normalitos. Los hay aún más horteras, lo prometo.
Y bueno, para finalizar, que tengo hambre y quiero ir a cenar de una vez, foto de la cena de ayer con las franceses y las dos holandesas que nos han estado siguiendo estos dos últimos días por todos los sitios que hemos visitado y por fin hemos decidido que igual era buena idea conocernos. Eso es justo lo que ellas pensaban de nosotros, que las seguíamos a todas partes… Será que el espíritu lonly guía nuestros pasos.
La pelirrojilla es María (su verdadero nombre en holandés es impronunciable) y trabaja en Madrid desde hace 3 años. Habla español a nivel de tacos perfectamente. Su amiga es Marjolijn (este nombre era más sencillote) y no trabaja en Madrid ni domina los tacos. He tenido que hacer un montaje porque soy un hacha haciendo fotos y no salían todos en el brindis. Vaya chapuza, ¿eh? Sí, ya lo sé, soy penoso…
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8 Agosto, 2009 a las 11:47
Jope Pollo, tocais a una francesa y una holandesa para cada uno !!!
Desde luego, no hay nada como salir de Europa para conocer europeos…
Aqui seguimos con interes tus peripecias, y son muy interesantes los pequeños detalles, como el del super-zumo a 70 centimos… parece que el calor sofocante nos va a dar unos dias de tregua, por lo menos hoy ha salido nublado…
El otro dia fuimos al Tibidabo, experiencia unica e irrepetible !!! ¿Que te parece pollastre? Yo no lo habia visitado nunca, alguna vez tiene que ser la primera.