Desde Latakia es sencillo ir a ver el castillo de Salah Ad-Din, un microbús te deja en un pueblín, Al-Haffa, que está a 6 Km. del castillo, y desde allí, si consigues no sucumbir ante los constantes ofrecimientos para subirte de los taxis y moto-taxis-improvisadas, pues haces tranquilamente el bonito paseo
hasta que al llegar te encuentras de bruces con esa aguja de piedra que los cruzados dejaron de muestra (y como soporte a un puente) después de picar a mano la montañita para dejar aislado el castillo. Acojona pensar en los callos que debían tener esos tipos…
Luego el castillo en sí, cuando ya has visto el de Crac, pues está bien, es mono, pero ya no tiene la capacidad de asombrar de aquella fortaleza. Pero merece la pena la visita, desde luego. Cuando vengáis a Siria no os lo perdáis.


Impresiona sobre todo el ir comprobando cómo dejaron el castillo aislado a base de mazazos. También me gustaron mucho los dos aljibes que todavía guardan un montón de agua. Y el paseo en general estuve bien, entretenido, calor irracional eso sí, pero para estar un par de horicas agradables da de sí.




La vuelta la hice con tres francesas y un italiano que estaban en mi mismo hotel, y que nos encontramos en el castillo. Unos tipos se ofrecieron a bajarnos en su motocarro, pero yo no sé qué habló con ellos el italiano, que desde donde nos dejaron aún tuvimos que andar más hasta el pueblo que si hubiéramos bajado paseando… La amabilidad siria nunca nos abandona, pero los líos comunicativos tampoco.
¡Prueba superada! ¡He sido breve!
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