Mi primer contacto con “el mate” fue en Bahía, en mi querida Rua do Bispo. Allí los argentinos cundían bastante y también circulaban algunos uruguayos (léase uruguasshos; por cierto, si pretendo que entiendan mi apellido, debo pronunciarlo como Puessho, si no, no hay manera…), y estos ciudadanos, sobre todo los segundos, son consumidores empedernidos de yerba mate. Así que una tarde me senté con ellos a probarlo y cuando me llegó el turno (es lo más parecido a fumarse un porro, el mate va pasando de uno a otro y todos van chupando de la pajita metálica) cogí con una mano el recipiente, sujeté la pajita metálica con la otra, y en ese preciso instante un ensordecedor clamor al unísino como si Maradona hubiera resurgido del polvo (adviértase el cambio de cenizas por polvo, jeje) y hubiera fallado un gol cantado gritó ¡¡¡NOOOOOOOOOOOO!!!!! ¡¡NO TOQUÉS LA BOMBILLA!!! Asustado dejé el chisme en la mesa, los miré acojonao, y pregunté que qué había roto esta vez, que de qué bombilla hablaban…

Entender el ritual del mate lleva un rato largo. Uno, acostumbrado a hacerse infusiones, pues pensaba que esto era una hierba más como cualquier otra, pero no… Todo lo que gira alrededor del mate, desde los objetos utilizados, el método de prepararlo, la forma de beberlo, o el hecho social en sí de juntarse a echar unos mates, podría conformar una carrera universitaria… Pero como me gustó, solicité un cursillo acelerado sobre preparación del mate. Y bueno, Amankai, encantador ser de la Patagonia, se erigió en institutriz matera y allí que me ofreció su master-class. Los demás guardaron silencio respetuosamente, pero más adelente supe que si no intervinieron en multitud de ocasiones fue porque Amankai tiene la virtud de contar las cosas como un lindo cuento y nos tenía a todos encandilados, pero según me dijeron luego había cometido innumerables errores…
No voy a entrar en excesivos detalles, porque además sería criticado con seguridad si un “profesional” matero lo leyera, así que daré unas nociones básicas. El chisme ese de la foto en forma de calabaza cortada, es una calabaza cortada. Son los más auténticos, los genuinos. Es lo que se llama precisamente “mate”. También puedes encontrar mates de madera, pero los de calabaza suelen ser los preferidos. Te los puedes encontrar forrados de cuero, o con metal, o pintados o tallados como el mío. Cuando lo ví, su palmera me hizo viajar a tierras queridas y enseguida tuve claro que ese era mi mate.
La pajita metálica es lo que llaman “bombilla”. Todavía no sé a qué se debe ese nombre, sólo sé que si vas a una ferretería y pides una bombilla, no te darán lo que cualquiera de nosotros esperaríamos (a eso le llaman bombita; es que este idioma es muy complicado, de verdad…).
Y dentro metes la yerba. Sí, se escribe así, con “y”. Y se dice ssherba, claro. Y el tipo de yerba… bueno, en los supermercados hay estanterías de decenas de metros exclusivamente dedicadas a la yerba. Hay más marcas de yerba mate que perfumes en el Corte Inglés el día de nochebuena… Y luego el cómo poner la yerba no es sencillo. Debe llenarse hasta tres cuartos de la calabaza, y luego darle una inclinación de unos 45 grados. Hay quien la agita de manera que el polvillo que tiene la yerba pase a la parte de arriba y otros jamás osarían hacer tal cosa. Entonces, sea como sea, metes la bombilla en la posición adecuada, para NUNCA MÁS TOCARLA hasta que se termine de beber el mate. Ah, la bombilla también puede ser de caña, son muy bonitas.
Al hecho de echar agua se llama “cebar” el mate. Es complicado, de verdad, no os lo podéis imaginar, el agua no se puede echar de cualquier manera… El cebador sólo es una persona en todo el rato que dura el mate, y tiene una responsabilidad enorme porque de su habilidad depende que dure muchas rondas…
Ah, no olvidemos la temperatura del agua. Los manuales hablan de 75 grados, e incluso venden aparatos de esos para calentar agua, preparados específicamente con termostato para el mate. Y claro, hay que usar un termo para conservarla a la temperatura justa todo el tiempo. La variedad de termos en las tiendas es impresionante.
Y la forma de beberlo es como sigue: el cebador echa el agua y lo va pasando por turnos. Hay que beber con cuidado de no quemarse, y para ello hay que saber poner la lengua convenientemente retirada hacia atrás (tras el primer quemazo aprendes). Te lo bebes rápido, hasta que al aspirar por la bombilla se escucha ese típico gorgogeo del aire con leves restos de líquido, y se lo devuelves al cebador para que siga el proceso…
Y hasta aquí la parte técnica, bastante resumida. Para la parte sociologica, copio y pego un escrito que circula por internet y que es bastante bueno. Tras él, haré algunos comentarios…
El mate no es una bebida. Bueno, sí. Es un líquido y entra por la boca. Pero no es una bebida. En este país nadie toma mate porque tenga sed. Es más bien una costumbre, como rascarse. El mate es exactamente lo contrario que la televisión. Te hace conversar si estás con alguien, y te hace pensar cuando estás solo.
Cuando llega alguien a tu casa la primera frase es “hola” y la segunda “¿unos mates?”. Esto pasa en todas las casas. En la de los ricos y en la de los pobres. Pasa entre mujeres charlatanas y chismosas, y pasa entre hombres serios o inmaduros. Pasa entre los viejos de un geriátrico y entre los adolescentes mientras estudian o se drogan. Es lo único que comparten los padres y los hijos sin discutir ni echarse en cara. Peronistas y radicales ceban mate sin preguntar. En verano y en invierno. Es lo único en lo que nos parecemos las víctimas y los verdugos. Los buenos y los malos .
Cuando tenés un hijo, le empezás a dar mate cuando te pide. Se lo das tibiecito, con mucha azúcar, y se sienten grandes. Sentís un orgullo enorme cuando un esquenuncito de tu sangre empieza a chupar mate. Se te sale el corazón del cuerpo. Después ellos, con los años, elegirán si tomarlo amargo, dulce, muy caliente, tereré, con cáscara de naranja, con yuyos, con un chorrito de limón. Cuando conocés a alguien por primera vez, te tomás unos mates. La gente pregunta, cuando no hay confianza: ¿Dulce o amargo? El otro responde: -Como tomes vos. Los teclados de Argentina tienen las letras llenas de yerba. La yerba es lo único que hay siempre, en todas las casas. Siempre. Con inflación, con hambre, con militares, con democracia, con cualquiera de nuestras pestes y maldiciones eternas.
Y si un día no hay yerba, un vecino tiene y te da. La yerba no se le niega a nadie. Éste es el único país del mundo en donde la decisión de dejar de ser un chico y empezar a ser un hombre ocurre un día en particular. Nada de pantalones largos, circuncisión, universidad o vivir lejos de los padres. Acá empezamos a ser grandes el día que tenemos la necesidad de tomar por primera vez unos mates, solos. No es casualidad. No es porque sí. El día que un chico pone la pava al fuego y toma su primer mate sin que haya nadie en casa, en ese minuto, es porque ha descubierto que tiene alma. O está muerto de miedo, o está muerto de amor, o algo: pero no es un día cualquiera.
Ninguno de nosotros nos acordamos del día en que tomamos por primera vez un mate solos. Pero debe haber sido un día importante para cada uno. Por adentro hay revoluciones. El sencillo mate es nada más y nada menos que una demostración de valores… Es la solidaridad de bancar esos mates lavados porque la charla es buena, la charla, no el mate.
Es el respeto por los tiempos para hablar y escuchar, vos hablás mientras el otro toma y viceversa. Es la sinceridad para decir: basta, cambiá la yerba! Es el compañerismo hecho momento. Es la sensibilidad al agua hirviendo. Es el cariño para preguntar, estúpidamente, ¿está caliente,no?
Es la modestia de quien ceba el mejor mate. Es la generosidad de dar hasta el final. Es la hospitalidad de la invitación. Es la justicia de uno por uno. Es la obligación de decir “gracias”, al menos una vez al día. Es la actitud ética, franca y leal de encontrarse sin mayores pretensiones que compartir. Ahora vos sabes, un mate no es sólo un mate…
Esteeee… bueno. Todo esto es muy bonito, la redacción sin ninguna duda, pero yo me he encontrado con ciertas paradojas que no puedo dejar de mencionar. Solidaridad, amistad, buen rollito… ¡una possha! En rua do bispo, las puñaladas traperas eran bárbaras. A Amankai la pusieron de vuelta y media (tanto argentinos como uruaguayos) cuando se marchó de la cocina. Pero entre ellos la cosa no mejoraba mucho. Cuando era un argentino el que preparaba el mate, el uruguayo me decía “chsst, eh, mirá, ¿viste como está cebando? el pibe este no tené ni puta idea, …”. Cuando era al revés, pues tres cuartos de lo mismo… En lo único que se ponían de acuerdo era en que la yerba brasileña es malísima. Curiosamente, en eso hasta los brasileños estaban de acuerdo. Pero claro, si entraban a comparar entre la yerba uruguaya o la argentina…
Pero ya una vez en argentina, Lourdes, la paraguaya que nos salva de morir enrunaos en la mierda todos los días, me cuenta que en realidad esto de la yerba mate no es patrimonio de los argentinos o los uruguayos, si no que es cosa de los paraguayos, y más concretamente de los guaranís. Cuando Colón se pasó por aquí a “descubrir” las américas, los guaranís ya estaban aburridos de cebar mates durante generaciones y generaciones… Evidentemente, Lourdes se jacta de cebar el mate infinitamente mejor que cualquiera de estos creídos, dónde vas a parar…
Pero sí, en el fondo son buena gente, porque a pesar de que ninguno está contento con la forma de cebar el mate de los demás, es verdad que acaban tomando sus mates de buen rollito. Y no es difícil encontrarse gente por la calle con su termo, su mate, su bombilla y su fiambrerita con yerba, para echar unos mates a mitad de mañana o de tarde. Ya veis en la foto en el parque, la parejita tan felices con su mate.