Tafí del Valle

9 de Noviembre, 2007

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Tafí del Valle ofrecía diversas alternativas de paseos por los alrededores, y elegí la de una cabalgata hasta una cima desde la que se divisaba todo el valle. A caballo había montado dos veces en mi vida, y de la segunda vez recuerdo que sentí que era como si no hubiera existido una primera… Esta tercera las sensaciones fueron las mismas, “¿he montado alguna vez a caballo?”. Ya hace dos días de ello, y mi entrepierna, y variados músculos de las piernas sobre los que no tenía conciencia de su existencia, me siguen recordando el bonito paseo…

La excursión la hice con Raúl, empleado de la hacienda de Jerónimo “El puesto”. Doy estos datos para que si algún lector se pasa por allí y le apetece hacer este paseo, que pregunte directamente por esta gente, pues se portaron de maravilla, muy majos.
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Raúl, a lomos de Muñeco, iba delante despacito (debió percibir mi acojono nada más subirme a Rosendo) por unas sendas, por llamarlas de alguna manera, que me tenían más que preocupado. Las fotos que hice eran de cuando las cosas no eran muy peliagudas, pero la mayoría de los momentos la cámara estaba en el bolsillo porque yo no sabía dónde agarrarme, y siempre confiando en que Rosendo tenía el mismo interés que yo en despeñarse… Sí, lo admito, pasé miedo. Pero qué impresionante paseo.

Sólo paramos una vez, en la cima. Le hubiera pedido a Raúl de parar como unas 15 veces, pero ese estúpido orgullo que nos caracteriza a los humanos me hizó tener la boca cerrada y sonreir emocionado cuando se giraba. Realmente estaba encantado, pero el dolor en las piernas a veces resultaba intolerable. Y él estaba tan fresco, claro.
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Y claro, como estamos en Argentina, un buen mate no puede faltar allá donde vayas.
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En definitiva, dolorosa pero más que recomendable experiencia. Aquí, una imagen desde arriba, la verdad es que la foto pierde mucho.
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Y también me resultó muy romático. Allí solos, escuchando tan solo el silbar del viento y los cascos de los caballos golpeando el predregal, no sé, me sentía un poco gaucho…
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Melange turística

7 de Noviembre, 2007

Dejaré los tigres, los cartoneros y otras faunas para la última semana en bsas y voy a ver si me centro en el turismo norteño que es lo suficientemente interesante como para que me olvide de la capital federal. Iré dejando los suficientes nombres y datos como para que los que gustan de la geografía puedan seguir mi rastro.

Voy a hablar de varias cosas, para ver si me pongo un poco al día. En estos momentos estoy en el albergue Nomade de Tafí del Valle, a 2000m de altitud, en la provincia de Tucumán. Los 100Km desde Tucumán capital, donde dormí ayer, hasta aquí han discurrido por una carretera que, como dirían los gomaespuma simplemente podríamos denominar.
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Las fotos no sé si llegan a dar una idea de lo que desde dentro del colectivo se iba viendo, pero desde el momento en el que la carretera ha comenzado a empinarse haciéndome soñar con mi querida bicicleta (y en el sueño aparecían sudores fríos, qué barbaridad), me he quedado pegado a la ventana y ya no he podido apartar la vista de todo aquello.
De pronto, en apenas un par de kilómetros, el paisaje ha cambiado dramáticamente y ha aparecido este que aquí se ve, también de una belleza sobrecogedora.
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Ya en Tafí he buscado nervioso un lugar para alquilar una bicicleta, y lo he encontrado, pero… me pedían 6 euros por hora! Diré el lugar para que por favor nadie vaya a hacer negocios con ellos: “La Cumbre”. Como no había nadie más que alquilara ni bicis ni ningún tipo de vehículo (una moto hubiera sido orgásmico), he pillado un colectivo que me ha llevado hasta El Mollar, pueblín precioso al borde de un pantano, en el que hay una “reserva” de menhires. Si los indios Tafís y los Quilmes en vez de masticar hojas de coca hubieran conocido la poción mágica de Panoramix otra suerte les hubiera corrido con los españoles, pero… así que lo poco que nos queda de ellos son estos menhires.
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Yendo un día atrás, la excursión también fue interesante. Discurrió por los alrededores de Tucumán, haciendo lo que ellos llaman el circuito “chico” que va pasando por bonitos pueblos y subiendo y bajando lindas montañas.
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La foto corresponde a una “chabola” de Villa Nougués, que es un pueblo en el que sólo viven los Nougués (hijos, nietos, primos, sobrinos…) y algún amigo intimo desde hace más de cien años. El pueblo es impresionante, bárbaro, y la casa de la foto es del Nougués original, que está colgada de la montaña con toda la vista del valle. Pero bueno, conviene saber que el tal Nougués era un cacique semiesclavista, que poseía varios “ingenios” (molinos para la caña de azúcar) de la comarca, donde trabajaban sus peones a los cuales pagaba con monedas fabricadas por él para que sólo pudieran comprar las cosas que el vendía… listo el chico. Un hijoputa integral, vamos. Esperemos que sus descendientes sean un poquico más sensatos…

Y otro día hacia atrás, recordar que en Termas de Río Hondo tomé mi baño termal al llegar a la habitación. Tiene su gracia que salga agua caliente en la bañera que venga directamente de la tierra. Pero agua fría no había… ¿qué hacen en verano? Se me olvidó preguntarles.
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Una curiosidad natural es lo de una planta-parásito que puede vivir del aire. La llaman clavel del viento, y se comprende el nombre al mirar los cables de la luz llenos del especimen este. Se ve que los pajaricos llevan las semillas a los cables de la luz, y allí, alimentadas del aire y parece que del campo electromagético, crecen unas lozanas planticas.
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La cosa no dejaría de ser una mera anécdota si no fuera porque no solo crecen en los cables, sino que se agarran a todos los árboles de la zona y les chupan la vida a los pobres llegándolos a secar.

Y bueno, para finalizar esta entrada, comentar algo que no tiene que ver con la naturaleza pero que me parece reseñable. A mis queridos alumnos que pronto tendré que agu… ehh… bueno, que les puede interesar esto. Resulta que desde que dejé bsas se nota que hay una cierta diferencia en cuanto a los medios tecnológicos, lease cybercafés, que poseen aquí. Y evidentemente, esto refleja una sustancial diferencia económica. Aquí el ADSL no llega a todos los lugares. Bueno, eso no es tampoco espectacular, en nuestro país también pasa, pero bueno, montar un cyber con un módem es realmente llamativo. Luego también sucede que puede caerse internet en todo el pueblo (como pasó ayer) y ahí que te quedas aislado. Pero donde más se aprecia lo que quiero decir, es que me estoy encontrando una mayoría de cybers montados con PCsaurios, máquinas que yo desguazo en clase (pentiums a 400MHz con 64MB de RAM y 1GB de disco duro), y que aquí le meten el W98 y bueno, ahí tienes montado un cyber saliendo a internet a través de un módem… Queridos futuros alumnos, el que se queje cuando instalemos el W98, se va a enterar…

Cyber alternativo, o la otra Argentina

3 de Noviembre, 2007

Finalmente no cené. Pero mereció la pena. Decididamente los cybercafes aportan sorpresas agradables en este viaje. Cuando terminé de meter la anterior entrada y fui a pagar, el encargado me preguntó que de dónde era, comenzamos a hablar y… marchaba de allí cerca de las 4 de la madrugada. Hoy por la mañana me pasaba de nuevo por el cyber a eso de las 11 a despedirme y marchar hacia Termas de Río Hondo y salía del cyber a las 6 de la tarde… esta vez bien alimentado, Carlos improvisó una suculenta invitación, aunque la lechuga, todo hay que decirlo, la corte muy despacio…

Es emocionante cuando se juntan unos seres que no se conocen de nada, de países tan distantes además, y en pocos minutos de convesación te das cuenta de que hay tanto que compartir… Carlos es el encargado de un cyber que tiene alquilado en Santiago del Estero. Pero no es un cyber cualquiera. En él, Carlos, junto con varios entusiastas y jóvenes colaboradores, han puesto en marcha un proyecto que consiste en intentar rescatar de la calle a alguno de los múltiples niños que conforman la triste realidad argentina, ese tercio de la población que vive en la pobreza (la mitad de ese tercio son niños) semiabandonados por unos padres sin cultura incapaces de salir de su situación y que lo más imaginativo que se les ocurre es mandar a sus niños a buscar algunos pesos a la calle de la manera que sea, en lugar de mandarlos a la escuela.
Los niños acuden al cyber con el cebo de las computadoras, de poder jugar con ellas, y ahí es donde Carlos con su equipo realizan un hábil intercambio con los niños: te dejamos jugar un rato si dedicas otro rato a realizar las tareas que te pongamos. Así, les enseñan a leer y escribir a los analfabetos, mecanografia a los que ya saben algo de su idioma, aprenden a manejar el correo electrónico y hasta hacer páginas web (proceso que supone aprender por el camino otras muchas cosas), e incluso algunos se atreven con la música (con magníficos resultados, lo he podido comprobar) con un teclado que hay en el local. Es decir, los sacan de la calle y les dan una oportunidad que de otra manera nadie les daría, ni el gobierno ni sus propios padres. Todo ello de forma voluntaria, hasta perdiendo dinero (y eso en este país tiene un valor añadido).
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Carlos tiene además otros proyectos interesantisimos en mente para intentar dinamizar la zona y generar trabajo respetando y ayudándose de las ideas del desarrollo sostenible. Aquí dejo su página por si os apetece echar un vistazo: www.cybersocial.com.ar/

Chupillo, lo de este hombre da para hacer una crónica muy buena. Si te parece bien a la vuelta lo hablamos.

Volviendo al anecdotario del viaje, la llegada a mi hotelito anoche, “El oeste”, fue digna de contar. Adelanto que la llegada por la mañana fue extraña, el encargado me preguntó si tenía cosas de valor, le dije que no gran cosa y que lo llevaba siempre encima, y dijo que aún así me iba a cambiar a otra habitación. Era un lugar extraño, pero bueno, había cama, water y agua caliente y no necesitaba más. Volviendo a la noche, me despedí de Espartaco en la puerta del Oeste (es uno de los colaboradores de Carlos, se llama así, lo juro) hasta la que me acompañó contándome interesantes historias sobre sus amoríos con una española (incierto futuro le veo a eso), y al ir a entrar, el encargado (otro distinto al de la mañana) me preguntó sorprendido -¿y la chica?. Yo, más sorprendido aún le contesté -¿qué chica?. -Pero cómo, ¿no vienes con ninguna chica? ¿Estás solo en la habitación?. -Sí, esta mañana llegué solo, y en lo que va de día no he tenido ocasión de dejar de estarlo. Vamos, y tampoco tenía intención de cambiar esa situación. -Ah, vale, vale. Buenas noches…
Debo admitir que por un momento subiendo las escaleras llegué a pensar “hostias, ¿y si me encuentro a una tía esperándome dentro en la habitación?”. Pero no, por suerte tenía la cama toda para mí…

Ahora me encuentro en un Cyber de Termas de Río Hondo, pero viendo el que está al cargo de esto no creo que se repita lo de ayer. Pero si que hay que comentar algo de este pueblo. Se trata del mayor centro de aguas termales de toda sudamerica. La peculariedad realmente notable es que no se trata del típico lugar donde hay un centro con piscinas, saunas, masajes y todos esos lujos carísimos, si no que el agua termal llega a todas las casas del pueblo y cuando abres el grifo sale el agua calentita que viene no del calentador si no del interior de la tierra. Tremendo. Ahora cuando llegue a mi habitación abriré el grifo, llenaré la bañera, y me meteré a seguir leyendo relajádamente “El tunel” de Sábato, que me tiene enganchado. ¡Qué será trabajar!, ¿eh, chupillo?

Hasta pronto, Baires

2 de Noviembre, 2007

A pesar de la respuesta que acabo de dejar en la anterior entrada, me han quedado ganas de lanzarme con otra nueva. Y es que hoy comienza una nueva etapa, y no quería dejar pasar más tiempo.
Y me han quedado algunas cosas que contar de bsas, como la excursión a Tigre, o lo de los cartoneros (blonde me cortó el rollo, je), o alguna otra cosa de la que me apetecía. Bueno, todo llegará.

Pero ahora estoy en Santiago del Estero, ciudad madre de ciudades, como dicen ellos. De aquí partieron conquistas hacia otros lugares allá por el mil quinientos y pico. Pero mi entrada en la provincia, por cierto, ha sido gloriosa. El micro ha parado en la estación de un pueblín llamado Pinto para desayunar, y he ido al baño, y como las condiciones higiénicas respondían a lo esperado, me he ido a colocar en la habitual posición para estos casos de gallina en el palo del gallinero (muy propio de un pollo, desde luego), y al poner la primera pata y comenzar a equilibrarme, la taza (y yo) nos hemos ido a tomar pol culo, nunca mejor dicho… La taza ha quedado hecha añicos y yo allí espatarrado admirando mi obra todavía resonando el eco del estruendo… Im-prezionante. Lástima no llevar la cámara. Además esto me ha servido para corroborar a la primera de cambio lo que me habían dicho acerca de la idiosincrasia de los Santiagueños: “verás, son muy tranquilos”. El tipo que estaba al cuidado del lugar, ni se ha acercado a ver que pasaba, ni ha preguntado en voz alta si estaba bien… nada. Cuando he salido a los pocos segundos del suceso, ahí estaba a un par de metros haciendo sus cosas como si nada hubiera sucedido. Por fin se ha decidido a acercarse a ver mi desastre y he estado explicándole la terrible experiencia de sentir cómo me hundía en la mierda… Lo he dejado con la ruina y me he ido con mis ganas a otra parte.

La sensación al llegar a Santiago me ha resultado curiosa; he recorrido algo más de 1000 kilómetros, como cruzar nuestro país, y miro el mapa y la distancia parece tan pequeña en la inmensidad de Argentina… Pero sí que se nota bastante el contraste con bsas. Supongo que a la capital le pasa como a otras tantas, que son mundos que no tienen mucho que ver con lo que es el país en sí. Por ej, las personas que me cruzo tienen la mayoría los rasgos que recuerdan que en este continente había unos habitantes antes de que ciertos individuos proclamaran que habían descubierto un nuevo mundo… Y también es chocante la sensación al pasear por sus calles, a pesar de que tiene más de 200.000 habitantes, me parece caminar por un pueblo de 20.000… es que el contraste con Buenos Aires es brutal.

Lo de la foto es anecdótico, creo, al menos es el único burro (de cuatro patas) que me he encontrado. Pero le he creído merecedor de foto.
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Ahora me voy a ver si encuentro un garito para cenar, que como digo esto no es bsas y hoy, por ej, me he quedado sin comer; a las tres, que ha sido cuando lo he intentado, no he encontrado dónde hacerlo. En bsas podías comer a cualquier hora del día y de la noche. Lo de la cena, por ej. es tremendo. Nosotros en spain tenemos fama de cenar tarde, pero lo de bsas es otra historia. Si ya es viernes, puedes ir a un restaurante a las 2 de la madrugada y te dan de cenar sin ningún problema. Lo he hecho un par de noches. Más tarde no sé si aún te dan (o entre semana), simplemente es que mi necesidad de saciar el hambre no permitía tales experimentos.

Pues nada, que aquí comienza mi etapa turística. El noroeste me espera. Bueno, no sé si el me espera a mi, pero yo a él sí. Lo que también espero es que sigáis ahí acompañándome. Estar tan lejos y teneros tan cerca está siendo inolvidable.

 

Especial elecciones

29 de Octubre, 2007

Hoy he madrugado bastante, a las 11 y media ya estaba danzando por ahí… Y he estado pateando BSAS sin parar hasta casi las 5, igual me he andado 20 km. no sé, un montón, y sólo llevaba en el cuerpo dos empanadas y un zumo (aquí jugo, si no, no te entienden), y aunque hambre no tenía, la sed era terrible. Iba hacia el 36 billares con una única imagen en mi cerebro que se me aparecía cada vez más borrosa, como un espejismo: una cerveza fresquita de las de litro. Pero al llegar al 36 billares me lo encuentro cerrado. Buf. Por suerte, a una cuadra estaba el Iberia, voy para allá nervioso y sí que estaba abierto pero… ¡no servían cerveza!, mientras duraran las elecciones nada de alcohol…
A dos cuadras había un Carrefour (sí, hasta aqui han llegado, y abren todos los domingos) así que allí que me metí raudo pensando que ahí terminarían mis problemas y… acá tenéis la foto:

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Todas las estanterías con alcohol de cualquier tipo habían sido tapadas con carteles… Tan inaudito como cierto.
Desconsolado me fui hacia casa con la esperanza de que el chino de al lado funcionara con sus propias leyes, pero no, aunque no tenían carteles tapando las estanterías, no me querían vender ni una triste lata. Gatorade, me he tenido que tomar dos gatorades… lo del agua no me seducía lo más mínimo.

¿Y todo esto a qué venía? Ah, sí, las elecciones claro… Bueno, pues ya veis, tienen sus peculiaridades. Papá estado no confía mucho en su pueblo y no les deja emborracharse no sea que metan una mierda en el sobre en vez de una boleta. Y los comentarios que se escuchaban por la tele y por la radio eran en muchos casos de vergüenza propia, al sentir que estaban dando una imagen al mundo lamentable: Los presidentes que no van a las mesas, mesas en las que no hay papeletas, irregularidades de todo tipo…
Pero desde luego, como decía aupaedurne, mejor que no tengan como referente a los nuestros…

Al final han confiado en la Kirchner. A ver qué comentan este mes que me queda por aquí, les iré preguntando.

Jornada de reflexión

27 de Octubre, 2007

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Los carteles oficiales ya los debéis conocer por prensa y tele. Así que os pongo éste, que también hay muchos por ahí pero no los veréis allí.

En esto de la política, la República Argentina se libra de ser una “República bananera” simplemente porque aquí no cultivan bananas…

La noticia que venía hoy en portada de los periódicos era que más de un tercio de las mesas electorales, a un día vista, no tienen presidente, han desertado, se niegan a ir. Y eso que se arriesgan a penas de cárcel. Entre la población se viven variados sentimientos, la mayoría en la gama de grises. Por un lado, casi nadie cree que exista un solo político honesto; ante eso, surgen actitudes como la citada de los presidentes de mesa; también hay muchos que intentan escaquearse de ir a votar: aquí el voto es obligatorio, la abstención no está contemplada, y sólo puedes librarte de ir a votar si justificas que te encuentras a más de 500Km de tu ciudad (¿no saben lo que es el voto por correo? no se deben fiar…). Por eso muchos aprovechan para  pasar el domindo lejos. Y otros, sin embargo, buscan que algun partido les pague el billete del colectivo para ir a pasar el fin de semana a su ciudad gratis. De entre los que van a votar muchos lo hacen no para votar a alguien en concreto, si no intentando que no vuelva a repetir el gobierno actual o los que ya saben de facto que son unos chorizos. Y también hay muchos que aún diciendo que saben que no va a servir para nada, van a votar a alguno de los innumerables partidos que se presentan con un último hilillo de esperanza prendido en sus “boletas”.

Otra cosa curiosa es que esta noche, desde las 10, está prohibido vender ni beber alcohol en ningún lugar público, porque papá estado tiene miedo de que vayas a votar borracho… Aunque me lo han dicho muchos me cuesta creerlo, así que saldré a verificarlo, y si es así les diré que soy extranjero y no voto, a ver si yo si me puedo emborrachar…

Mañana escribiré el “Especial elecciones”.

Crisis en Tacuarí 589

26 de Octubre, 2007

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No tengo tiempo ahora para meter nada en el blog, pero esto es rápido. ¡¡La mierda se nos come!! Esta foto es de anoche, pero eso no es nada, os lo aseguro, lo que he visto hace un poquito por toda la cocina ahora que me he despertado era espectacular, inenarrable, pero no he querido hacer foto porque ha habido uno (de los que menos culpa tienen) que estaba mirando como pensándose si se ponía a limpiar, y no he querido estropear el momento…

La semana pasada puse un cartel en la nevera que ocupaba toda la puerta diciendo textualmente (hize esto porque intentar hablar uno por uno con los 11 de la casa, me parecía improcedente):
“A ver, es fácil… se trata de que ANTES de abandonar la cocina, cada cual verifique si ha lavado lo que ha usado (aunque sea un simple tenedor), ha tirado al cubo la mierda que ha generado, y ha recogido sus cosas. Fácil, ¿verdad?”.

Esto produjo un ambiente de tenso silencio ese día en la cocina, y limpieza durante dos días.

Luego todo volvió a su caúce “normal”. Pero lo de anoche fue una experiencia única. Como estuvo lloviendo toda la tarde decidí cenar en casa y unirme al enemigo. Fue maravilloso. Por fin he entendido a qué se refieren los psicoanalistas cuando hablan del “goce”. No es nada sexual, que va, es una sensación mucho más placentera, es una increible excitación que te invade cuando haces lo que sabes que no puedes hacer, esa violación de lo prohibido… Ensucié con desparpajo, con deleite, y hasta con orgullo de lo bien que la estaba haciendo… jaajajajajajajaajjajaaj… (risa histérica).
La culminación de mi goce ha sido ahora cuando después de ver lo que he visto, le he dicho a Lourdes, nuestra mucama, que por favor no limpiara la cocina, que no fuera más nuestra madre, que así no nos estaba ayudando nada… Y me ha dicho que de acuerdo, que no limpiaba! Bieeeeeen!!

Si a esto le sumamos que desde primeros de mes la lavadora murió, y seguimos sin poder lavar la ropa desde entonces, la situación de la limpieza aquí es…

Lo de la lavadora es curioso por que ahi entra el tema de los argentinos y su labia. Cada día la dueña y su compañero nos han ido diciendo que “mañana pasará el técnico”, explicándonos interminables historias de piezas que hay que encargar en el extrajero, de transportes que se pierden, etc, etc, todo ello con una suerte de palabrería que no nos hacía dudar. Ahora, casí un mes después, ya lo hemos entendido: no tienen ninguna intención de arreglar la lavadora.

En fin, a los lectores que quizá tengan pensado venir a Buenos Aires a pasar unos días y busquen alojamiento, Tacuarí 589, pasen y vean…

El mate

24 de Octubre, 2007

Mi primer contacto con “el mate” fue en Bahía, en mi querida Rua do Bispo. Allí los argentinos cundían bastante y también circulaban algunos uruguayos (léase uruguasshos; por cierto, si pretendo que entiendan mi apellido, debo pronunciarlo como Puessho, si no, no hay manera…), y estos ciudadanos, sobre todo los segundos, son consumidores empedernidos de yerba mate. Así que una tarde me senté con ellos a probarlo y cuando me llegó el turno (es lo más parecido a fumarse un porro, el mate va pasando de uno a otro y todos van chupando de la pajita metálica) cogí con una mano el recipiente, sujeté la pajita metálica con la otra, y en ese preciso instante un ensordecedor clamor al unísino como si Maradona hubiera resurgido del polvo (adviértase el cambio de cenizas por polvo, jeje) y hubiera fallado un gol cantado gritó ¡¡¡NOOOOOOOOOOOO!!!!! ¡¡NO TOQUÉS LA BOMBILLA!!! Asustado dejé el chisme en la mesa, los miré acojonao, y pregunté que qué había roto esta vez, que de qué bombilla hablaban…

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Entender el ritual del mate lleva un rato largo. Uno, acostumbrado a hacerse infusiones, pues pensaba que esto era una hierba más como cualquier otra, pero no… Todo lo que gira alrededor del mate, desde los objetos utilizados, el método de prepararlo, la forma de beberlo, o el hecho social en sí de juntarse a echar unos mates, podría conformar una carrera universitaria… Pero como me gustó, solicité un cursillo acelerado sobre preparación del mate. Y bueno, Amankai, encantador ser de la Patagonia, se erigió en institutriz matera y allí que me ofreció su master-class. Los demás guardaron silencio respetuosamente, pero más adelente supe que si no intervinieron en multitud de ocasiones fue porque Amankai tiene la virtud de contar las cosas como un lindo cuento y nos tenía a todos encandilados, pero según me dijeron luego había cometido innumerables errores…

No voy a entrar en excesivos detalles, porque además sería criticado con seguridad si un “profesional” matero lo leyera, así que daré unas nociones básicas. El chisme ese de la foto en forma de calabaza cortada, es una calabaza cortada. Son los más auténticos, los genuinos. Es lo que se llama precisamente “mate”. También puedes encontrar mates de madera, pero los de calabaza suelen ser los preferidos. Te los puedes encontrar forrados de cuero, o con metal, o pintados o tallados como el mío. Cuando lo ví, su palmera me hizo viajar a tierras queridas y enseguida tuve claro que ese era mi mate.
La pajita metálica es lo que llaman “bombilla”. Todavía no sé a qué se debe ese nombre, sólo sé que si vas a una ferretería y pides una bombilla, no te darán lo que cualquiera de nosotros esperaríamos (a eso le llaman bombita; es que este idioma es muy complicado, de verdad…).
Y dentro metes la yerba. Sí, se escribe así, con “y”. Y se dice ssherba, claro. Y el tipo de yerba… bueno, en los supermercados hay estanterías de decenas de metros exclusivamente dedicadas a la yerba. Hay más marcas de yerba mate que perfumes en el Corte Inglés el día de nochebuena… Y luego el cómo poner la yerba no es sencillo. Debe llenarse hasta tres cuartos de la calabaza, y luego darle una inclinación de unos 45 grados. Hay quien la agita de manera que el polvillo que tiene la yerba pase a la parte de arriba y otros jamás osarían hacer tal cosa. Entonces, sea como sea, metes la bombilla en la posición adecuada, para NUNCA MÁS TOCARLA hasta que se termine de beber el mate. Ah, la bombilla también puede ser de caña, son muy bonitas.
Al hecho de echar agua se llama “cebar” el mate. Es complicado, de verdad, no os lo podéis imaginar, el agua no se puede echar de cualquier manera… El cebador sólo es una persona en todo el rato que dura el mate, y tiene una responsabilidad enorme porque de su habilidad depende que dure muchas rondas…
Ah, no olvidemos la temperatura del agua. Los manuales hablan de 75 grados, e incluso venden aparatos de esos para calentar agua, preparados específicamente con termostato para el mate. Y claro, hay que usar un termo para conservarla a la temperatura justa todo el tiempo. La variedad de termos en las tiendas es impresionante.
Y la forma de beberlo es como sigue: el cebador echa el agua y lo va pasando por turnos. Hay que beber con cuidado de no quemarse, y para ello hay que saber poner la lengua convenientemente retirada hacia atrás (tras el primer quemazo aprendes). Te lo bebes rápido, hasta que al aspirar por la bombilla se escucha ese típico gorgogeo del aire con leves restos de líquido, y se lo devuelves al cebador para que siga el proceso…

Y hasta aquí la parte técnica, bastante resumida. Para la parte sociologica, copio y pego un escrito que circula por internet y que es bastante bueno. Tras él, haré algunos comentarios…

El mate no es una bebida. Bueno, sí. Es un líquido y entra por la boca. Pero no es una bebida. En este país nadie toma mate porque tenga sed. Es más bien una costumbre, como rascarse. El mate es exactamente lo contrario que la televisión. Te hace conversar si estás con alguien, y te hace pensar cuando estás solo.

Cuando llega alguien a tu casa la primera frase es “hola” y la segunda “¿unos mates?”. Esto pasa en todas las casas. En la de los ricos y en la de los pobres. Pasa entre mujeres charlatanas y chismosas, y pasa entre hombres serios o inmaduros. Pasa entre los viejos de un geriátrico y entre los adolescentes mientras estudian o se drogan. Es lo único que comparten los padres y los hijos sin discutir ni echarse en cara. Peronistas y radicales ceban mate sin preguntar. En verano y en invierno. Es lo único en lo que nos parecemos las víctimas y los verdugos. Los buenos y los malos .
Cuando tenés un hijo, le empezás a dar mate cuando te pide. Se lo das tibiecito, con mucha azúcar, y se sienten grandes. Sentís un orgullo enorme cuando un esquenuncito de tu sangre empieza a chupar mate. Se te sale el corazón del cuerpo. Después ellos, con los años, elegirán si tomarlo amargo, dulce, muy caliente, tereré, con cáscara de naranja, con yuyos, con un chorrito de limón. Cuando conocés a alguien por primera vez, te tomás unos mates. La gente pregunta, cuando no hay confianza: ¿Dulce o amargo? El otro responde: -Como tomes vos. Los teclados de Argentina tienen las letras llenas de yerba. La yerba es lo único que hay siempre, en todas las casas. Siempre. Con inflación, con hambre, con militares, con democracia, con cualquiera de nuestras pestes y maldiciones eternas.
Y si un día no hay yerba, un vecino tiene y te da. La yerba no se le niega a nadie. Éste es el único país del mundo en donde la decisión de dejar de ser un chico y empezar a ser un hombre ocurre un día en particular. Nada de pantalones largos, circuncisión, universidad o vivir lejos de los padres. Acá empezamos a ser grandes el día que tenemos la necesidad de tomar por primera vez unos mates, solos. No es casualidad. No es porque sí. El día que un chico pone la pava al fuego y toma su primer mate sin que haya nadie en casa, en ese minuto, es porque ha descubierto que tiene alma. O está muerto de miedo, o está muerto de amor, o algo: pero no es un día cualquiera.
Ninguno de nosotros nos acordamos del día en que tomamos por primera vez un mate solos. Pero debe haber sido un día importante para cada uno. Por adentro hay revoluciones. El sencillo mate es nada más y nada menos que una demostración de valores… Es la solidaridad de bancar esos mates lavados porque la charla es buena, la charla, no el mate.
Es el respeto por los tiempos para hablar y escuchar, vos hablás mientras el otro toma y viceversa. Es la sinceridad para decir: basta, cambiá la yerba! Es el compañerismo hecho momento. Es la sensibilidad al agua hirviendo. Es el cariño para preguntar, estúpidamente, ¿está caliente,no?
Es la modestia de quien ceba el mejor mate. Es la generosidad de dar hasta el final. Es la hospitalidad de la invitación. Es la justicia de uno por uno. Es la obligación de decir “gracias”, al menos una vez al día. Es la actitud ética, franca y leal de encontrarse sin mayores pretensiones que compartir. Ahora vos sabes, un mate no es sólo un mate…

Esteeee… bueno. Todo esto es muy bonito, la redacción sin ninguna duda, pero yo me he encontrado con ciertas paradojas que no puedo dejar de mencionar. Solidaridad, amistad, buen rollito… ¡una possha! En rua do bispo, las puñaladas traperas eran bárbaras. A Amankai la pusieron de vuelta y media (tanto argentinos como uruaguayos) cuando se marchó de la cocina. Pero entre ellos la cosa no mejoraba mucho. Cuando era un argentino el que preparaba el mate, el uruguayo me decía “chsst, eh, mirá, ¿viste como está cebando? el pibe este no tené ni puta idea, …”. Cuando era al revés, pues tres cuartos de lo mismo… En lo único que se ponían de acuerdo era en que la yerba brasileña es malísima. Curiosamente, en eso hasta los brasileños estaban de acuerdo. Pero claro, si entraban a comparar entre la yerba uruguaya o la argentina…
Pero ya una vez en argentina, Lourdes, la paraguaya que nos salva de morir enrunaos en la mierda todos los días, me cuenta que en realidad esto de la yerba mate no es patrimonio de los argentinos o los uruguayos, si no que es cosa de los paraguayos, y más concretamente de los guaranís. Cuando Colón se pasó por aquí a “descubrir” las américas, los guaranís ya estaban aburridos de cebar mates durante generaciones y generaciones… Evidentemente, Lourdes se jacta de cebar el mate infinitamente mejor que cualquiera de estos creídos, dónde vas a parar…
Pero sí, en el fondo son buena gente, porque a pesar de que ninguno está contento con la forma de cebar el mate de los demás, es verdad que acaban tomando sus mates de buen rollito. Y no es difícil encontrarse gente por la calle con su termo, su mate, su bombilla y su fiambrerita con yerba, para echar unos mates a mitad de mañana o de tarde. Ya veis en la foto en el parque, la parejita tan felices con su mate.

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Los regalos de BsAs

22 de Octubre, 2007

Movido por el saludable “efecto blonde” voy a postergar para otras entradas los relatos sobre la realidad más cruda y dedico ésta a seguir contando algunas de esas sensaciones placenteras que te puede regalar Buenos Aires.

Agenda
Una de las principales razones que me llevaron a elegir esta ciudad como uno de los destinos de mi paseo era vivir su cultura, sobre todo la musical. Y así tengo una hoja-agenda en la habitación en la que voy apuntando los distintos eventos de los que me voy enterando. Incluso la mayoría de los pocos huecos que se pueden apreciar en la foto, no han quedado sin encontrar algún interesante sitio a donde acudir a última hora. Acabo estresado de un lado para otro…Y a modo de ejemplo, me voy a quedar con lo vivido este fin de semana.

El viernes por la noche, tras salir de una interesantísima “clínica” de improvisación a la que tuve la fortuna de apuntarme (me venía grande, la verdad, pero me llevo todo lo aprendido en la mochila, volverá muy cargada y con deberes musicales para muchos años…), acudí a “Libario”, un garito de Palermo en el que iba a haber una “jam”, información pasada por Pablo Clavijo, uno de mis dos profes de saxo, y él además iba a tocar.
Libario
Entré al lugar con mi saxo a las espaldas, lo cual por suerte no despertó el menor interés de nadie, ya que el número de músicos por metro cuadrado en ese garito era inconcebible. Ví a Pablo que estaba vomitando notas emocionado (es el pequeñico de la derecha), escondí mi saxo no fuera que a alguien se le ocurriera invitarme a tocar (creo que ya he perdido la vergüenza casi totalmente, pero no la prudencia) y me hice un hueco para disfrutar de la noche. Una “jam”, para los que no tengan del todo claro lo que significa, es una reunión de músicos locos por el jazz deseosos de demostrar su habilidad con el instrumento, o dicho de otra manera, de mostrar cuán grande la tiene cada cual. Y entre las exaltaciones públicas del ego, pueden surgir esos instantes gloriosos en los que unos individuos que nunca han tocado juntos consiguen hilvanar una sucesión de acordes capaces de emocionarnos a todos.
Conocer a Pablo me permitió estar sentado junto a los músicos y compartir con ellos las cosas que iban sucediendo y escuchar sus comentarios. Fue interesante el momento en el que llegó un tipo de color, negro (“Les Luthiers” dixit), y nervioso empezó a montar el saxo para intentar salir a tocar en el tema que estaban pertrechando. Lo consiguió y salió a escena poniéndose en primera fila de los músicos desgranando notas furioso como si le hubiese retado el mismísimo Parker… Se ganó los aplausos de cierta parte del público pero también algunos agrios comentarios en voz baja de los músicos que estaban a mi alrededor… Luego se calmó, se supo poner en segunda fila, y consiguió que el resto de músicos no terminaran odiándole. Fue algo así como cuando vas al baño que no puedes aguantar más, no haces caso a nadie, descargas, resoplas aliviado y ya vuelves a ser persona.

Anécdotas aparte, lo que me tiene perplejo al respecto de esto desde que llegué, es el comprobar que hay un cierto sector de jóvenes (la gente que estaba en ese lugar rondarían entre los veintipocos años, algún que otro treintañero, y luego servidor, el anciano de la tribu…) que optan por pasar sus noches del fin de semana tocando jazz o escuchándolo. Pero esto no solamente sucede en un bar; la otra semana estuve en una jam que hacían en un piso de unos pibes. En BsAs es frecuente que los jóvenes monten fiestas en los pisos (igual que nuestros jóvenes hispanos que montan fiestas en “peñas” y locales). Pero creo que sería casi imposible encontrar en nuestro país una fiesta de estas en la que ese montón de jóvenes de veinte pocos años estén un viernes o un sábado noche tocando o escuchando jazz… Sí, es evidente que no son la mayoría, pero es una hermosa realidad que echo a faltar por mis pagos.

Y el sábado por la noche, dando un pequeño salto en el fin de semana, el Thelonious (uno de los famosos garitos de jazz de la ciudad) congregaba a otro montón de jóvenes (además del anciano…) que fueron a escuchar a una especie de big-band “jazzera” de unos niñatos que tocaban como cabrones (mi Fernet con cola iba lleno de cubitos de envidia, no sé si sana o no…).

Carmen
Pero el sábado por la tarde me regaló otra sorpresa musical. Un enorme cartel con la foto de una hermosa “mina” me hizo detenerme, enamorarme y preguntar. Carmen Consoli, una italiana desconocida para mí, actuaba con su banda en el Teatro Avenida. Además era gratis, por lo que había que hacer cola para conseguir la invitación. Y como no tenía otra cosa mejor que hacer, allí que me metí en la fila, bastante nutrida ya, esperando a ver si había suerte y me llegaba una entrada. La espera prometía ser algo larga así que puse a prueba la cháchara porteña. Empecé a charrar con la gente de la fila y en la hora larga que allí estuvimos, con el más locuaz (un encantador exhippie, como el se autodefinió, de unos 65 años) dimos un buen repaso a la realidad político-social de argentina, y ya puestos nos metimos con la española, terminando poniendo patas arriba al mundo… No, no es posible aburrirse haciendo cola en este país. Y luego ya vino la actuación de la Consoli. Mi compañero de espera coincidía conmigo en que cantara como cantara ese angelical ser, sólo por verla de cerca merecía la pena todo el tiempo pasado esperando una entrada. Qué majo! qué bonito comprobar que a esas edades la ilusión sigue intacta.
Carmen es siciliana. Comenzó acariciando unos acordes en su guitarra pero cuando su siciliana voz salió de su boca, mi compañero y yo nos echamos para atrás. Lo primero que pensé fue “qué negocio más nefasto sería enamorarse de esta mujer…”.  Fueron dos horas mágicas que se suele decir, con un espectáculo que congregaba la tremenda fuerza de esa criatura con la sutil belleza de los temas interpretados por unos músicos capaces de perturbar a todos los que teníamos la fortuna de estar allí, junto con la delirante coreografía montada por una diminuta pero arrasadora actriz que nos dejaba con la boca abierta cada vez que aparecía en el escenario. Un par de veces se me humedecieron los ojos, debo admitirlo.

Esta mañana leía una entrevista a Saramago y en una de sus respuestas decía: “Si hemos de buscar el sentido de la música, de la filosofía, de una rosa, es que no estamos entendiendo nada”. El arte, buscar la belleza, compartir el espacio y el tiempo con seres como nosotros que sean capaces de conmovernos, y lo más grande, ser capaz uno mismo de hacer algo hermoso que emocione a los demás (joder, ya puedo ponerme a estudiar escalas como un animal, je), es la respuesta, me parece a mí, a esa permanente duda sobre el sentido de nuestra existencia. Y esta bárbara ciudad llena de dolorosos contrastes, tiene entre sus virtudes ser muy generosa con la belleza.

Hay una frase que Ramón Trecet repetía día tras día durante muchos muchos años al acabar su programa de radio (si sigue haciendo su programa, “Diálogos 3”, estoy seguro de que la seguirá repitiendo incansable), y que tardé un tiempo en entender y hasta me generaba contradicciones, hasta que un día comprendí su profundo significado: “Buscar la belleza es la única protesta que merece la pena en este asqueroso mundo”.

Tacuarí 589

19 de Octubre, 2007

Voy a contar brevemente dónde vivo. Cuando vine a ver la habitación pensaba que en la casa habría unas 6 personas o así, pero una vez establecido me puse a anotar los nombres de los habitantes en una lista para aprendérmelos (defecto profesional, claro) y éramos 12 !!

Pero luego vas descubriendo cómo es posible meter a tanta gente en una casa. Ahora con las fotos se entenderá un poco esto.

Mi cuarto. La verdad, no me quejo, es de lo mejorcito de la casa.
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A ver si esta foto se entiende. Hay que fijarse en la perspectiva mirando en el techo. En realidad esa puerta da a una especie de recibidor que da acceso a dos habitaciones, la mía al fondo a la izquierda, y otra que está nada más entrar a la izquierda. Pero le pusieron una pared de madera en forma oblicua, y así aparece de la nada una diminuta habitación de planta digamos trapezoidal.
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Y al lado tenemos otro invento. Ahora hay que mirar en el suelo para entenderlo. Eso era una habitación, pero por arte de san bricomanía, una nueva pared en medio de la puerta (que pasa a tener un nuevo tipo de cierre) y ya tenemos dos habitaciones! Tiene también su gracia que la luz de uno de los cuartos se controla desde el otro, pero ya se han organizado, parece que se apañan bien con los horarios en los que cada uno quiere tener luz…
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Hay otra habitación que también se convirtió en dos, pero en esa no tuvieron que hacer engendros externos.

Dejando el tema habitaciones, seguimos con la visita turística. Esto es el ordenador en el que estoy sentado ahora. Es una reliquia, en mi trabajo lo usaría para desguace, pero aquí hace su papel…
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Lo de la cocina es tema aparte… Ya no recordaba lo que significa convivir con estudiantes (da igual el sexo)… Esta es una imagen habitual del desorden que suele reinar allí. La fregadera no se aprecia, pero está rebutida. No sé, igual soy raro, pero cuando les digo que limpien lo que ensucian me miran como si fuera su madre y pasan de mí… Mañana haré algo al respecto, ya contaré…
Ah, la cocinilla y lo utensilios no es que sean de última generación…
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Y esta es la terraza, maja, la verdad, con Renato (malabarista chileno que se gana la vida en los semáforos) haciendo prácticas.
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Bueno, digamos que estoy viviendo en un “conventillo”, lo cual es “una suerte” (gracias, casera) porque me permite recrear de alguna manera cómo era la vida de principios del siglo pasado. Los conventillos eran las casas en las que se apiñaban los inmigrantes. Sería como un patio andaluz, con espacios comunes, y alrededor del patio un montón de cuartos. La Boca es el lugar representativo de esto, pero ahora se ha convertido en un barrio turístico. Hay otros nuevos conventillos cerca donde se apiñan los inmigrantes bolivianos, ecuatorianos, paraguayos, etc, pero eso ya no es turístico…

Pues nada, que si venís este mes tenéis casa aquí.