Si la jornada de ayer había servido para aprender a moverme en transportes públicos, en esta tocaba pasear un poquico por las calles. Un poquico quiere decir que más o menos debí andar entre 25 y 30 kilómetros… Me temblaban las piernas cuando llegué al hostal. La verdad es que Damasco, aunque tiene unos 4 millones de habitantes, resulta bastante manejable, hay suficientes referencias para orientarse sin perderse, lo que pasa es que me debí patear toda la parte norte de la ciudad, enterita… La idea inicial era subir a un barrio llamado Salihiyya. Visto desde lejos resulta llamativo, como se puede apreciar en la foto. Está en la ladera del monte Qassioun, y ya tenía yo ganas de toparme con alguna ladera.

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Y sí, había escaleras interminables y cuestas irracionales… cada vez que veía a una abuelilla por esas callejuelas se me partía el corazón, imaginaba que su vida se reducía a salir al quicio de la puerta y volver a entrar, así día tras día, mes tras mes… porque si se le ocurría bajar a la ciudad, jamás volvería a subir… Al cabo de bastante rato y sudor, llegué a lo que eran los últimos tejados. Como se ve en la foto los acabados no son muy elaborados, pero tampoco parecía que vivieran excesivamente mal, a la gente se la veía alegre, me sonreía cuando nos cruzábamos.

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Ah, y todos tienen querencia con el inglés, lo primero que les salía al verme era “Hello”, a lo que yo les respondía “Hola”, lo cual les desconcertaba bastante. Primero había probado con “Mar habá” que es “hola” en árabe, pero eso también veía que les desconcertaba, no lo debo pronunciar bien porque no parecían entenderme, así que puestos a vivir en la confusión, ¡toma una nueva lengua!

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Decía que había llegado a los tejados de las casas, y ante mis ojos se me ofrecía una hermosa ladera bastante empinada y peligrosa. Claramente no tenía sentido subir por allí, un resbalón y a tomar por el culo que me iba, pero cuando acabé de ver claro que era una tontería subir, ya estaba justo a la mitad… no sé, es algo extraño que ya me sucedió en los Andes en repetidas ocasiones, una extraña fuerza incontrolable que me hace tirarme por las cuestas arriba… En fin, una vez más salió bien. Al llegar vi que había una magnífica carretera que venía desde la ciudad, pero yo no sé encontrar esas facilidades. Allí me recibieron un par de chavales que tenían una furgoneta-bar y me ofrecieron algo de beber. La subida merecía un descanso y un refresco, y acepté. Y bueno, eran simpaticotes, y eso que te pones a charrar, ellos chapurreando la lengua imperialista mientras yo intentaba practicar mi incipiente árabe, y la cosa derivó en una improvisada clase de 2 horas… ¡Con qué ánimo lo cogieron! Llevo una guía que tiene diccionario, y empezaron a preguntarme palabras y palabras sin parar; también llevo papelotes con la gramática y le dimos un repaso tremendo y todo lo que les preguntaba me lo escribían… impresionante. Son maja gente estos Sirios. La verdad es que aunque llevo pocos días por aquí, no tengo la menor duda de que es un pueblo amable y buena gente. En ningún momento he percibido la mínima sensación de peligro (y eso que no miro por dónde me meto) y siempre que he entablado conversación con ellos ha sido sin intereses comerciales por su parte. Bueno, a estos les compré un par de refrescos, pero es que era su negocio. No sé, creo que en occidente vivimos atenazados por innumerables miedos, la mayoría de ellos totalmente infundados. La peli Bowling for Columbine es un buen ejemplo. Ah, aquí la foto de amigos para siempre, Hussein y Kiman.

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Y ya tocaba seguir ruta, y yo andaba mirando esa antena de la foto, desde la cual debía haber unas vistas aún más tremendas que las que ya estaba viendo, así que empecé a andar a ver por dónde podía llegar.

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Los ripios me llamaban a gritos y ya iba a encararlos cuando un tipo me disuadió diciendo no sé que de los militares. Hmm, entendí que igual me metía en problemas y decidí seguir por la carretera. Pero joder, esa carretera daba una vuelta tremenda, y yo por allí no veía rastro de vida, así que al cabo de un rato me adentré por un camino en el que no había señal alguna que prohibiese nada y pensé que iba a ser un buen atajo hacia las antenas. La cosa iba bien hasta que de pronto apareció por allí un tipo de aspecto tosco y con un traje verde sucio, pero de un verde de esos con manchas de distintos verdes, y por sus gestos sospeché que algo no iba bien… le seguí y me llevó hasta una garita casi derruida de la que salieron varios seres toscos más, alguno de ellos armado, y uno que parecía tener alguna luz más que los demás se acercó a mí. Antes de que dijera nada el tipo, recordé que nuestra querida “muálima” nos contaba que a los árabes les encanta saludarse, así que intentando ser muy amable solté muy sonriente todos los saludos que me vinieron a la cabeza uno tras otro y sin respirar “mar habá, salam alaikum, ahalan wasahlan, kaifa halukum, masá aljair…”. Cuando le dejé hablar, el tipo me preguntó en inglés con cara de absoluta sorpresa, que qué hacía yo allí. Y yo, con toda naturalidad, le dije que quería subir hasta las antenas para hacer unas bonitas fotos de Damasco. Tanta sinceridad le debió enternecer y muy amablemente me dijo que estaba en terreno militar, que no podía estar allí, y que no podía hacer fotos… Buf, no parecía que me fueran a coser a balazos, menos mal… Me dijo que el amigo de antes me iba a acompañar hasta la carretera (a pesar de que se veía ahí a mano) para evitar más problemas, y que tuviera más cuidado en dónde me metía. Y nada, me despedí también con una retahíla de despedidas de manual y me fui con el colega aprovechando para hacer un repaso de árabe básico y evitar así que nos acompañara un tenso silencio “-me llamo José ¿y tú? -Ahmed -ah, encantado, yo soy de España, ¿y tú? -de Siria -Mmmm, Siria… (qué idiota soy…)”. Por suerte llegamos enseguida a la carretera y no tuve que hacer más el ridículo.

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Y ya más sumiso, me bajé a la ciudad y seguí callejeando y callejeando y callejeando… me dejé llevar allí por donde más bullicio encontraba, conseguí además que la gente se apartara a mi paso (los más allegados saben lo cerdito que puedo llegar a ser comiendo, y el kilo de melocotones rojos jugosísimos que me trapiñé mientras paseaba chorreando todo el zumillo, creo que dio que hablar…),  y bueno, así caminando y caminando y ya al final con las piernas en las que ya notaba eso que deben ser calambres, hasta que anocheció, llegué a mi magnífico colchón, y me derrumbé en él. No, si ya me lo decía mi madre, “qué poco talento tienes, hijo”.

6 comentarios en “Inmersión callejera”
  1. RafaC dijo:

    Ahora empiezo a entender porque no viajo. Solo de leerte me produce sensación de cansancio, tanto andar, hablar varios idiomas, relacionarte con la milicia……….. uffffff. Para eso hay que estar en forma, saber algo de idiomas y mirar al personal con buenos ojos…….. Admirable…. Animo y mañana descansa un poco. Tu relato muy interesante, espero la siguiente entrega con tanto interes como la de Milenium………. Un abrazo rafa

    أنّ ينام أنت جيّدا. تحية وحتّى قريبا

  2. Aupaedurne dijo:

    Precisamente, Rafa, esas sensaciones, eso, creo q es lo estimulante, y lo q me mata de envidia: viajar… Este año no es propicio y, aún con todo sacaré a mis polluelos para q vayan teniendo un refrotón de otras tierras, otros lugares, otras costumbres, otras lenguas; pero el q viene yo sé de una q se vuelve a lanzar pol mundo, q me está esperando, seguramente sola, puede q acompañada, pero a mi aire, a darme de bofetadas con la realidad y a superar mis limitaciones.

  3. Pura Vida dijo:

    Salam alaikum Pepelui, desde el otro lado del Atlántico me acabo de incoporar a la lectura del blog y de repente me veo inmersa en las complicaciones que describes… me parece que todos los que te estamos leyendo vamos a adoptar alguna palabra en árabe, yo hoy el saludo. Me pregunto por “esa extraña fuerza incontrolable que…por las cuestas arriba” pero tú dónde te has ido??? .
    Tus vivencias tienen un aire al protagonista de Paris Texas ( no se si la habrás visto ) él no hablaba, caminaba y caminaba…Te veo muy absorto en tú papel quijotesco con el árabe y los árabes pero lo más fantástico es lo que nos transmites desde tú retina.Por cierto, lo de los melocotones …CUÍDATE y DISFRUTA

  4. laura dijo:

    Pero mira que eres insensato!!!!A ver cómo te sacamos de allí si creas un conflicto internacional por sacar fotos desde las antenas….Eso sí,lo mejor,imaginarte comiéndote los melocotones,chorreando por los antebrazos,y eso que no eran del Bajo Aragón…
    ¡cuida dónde te metes!

  5. jlpueser dijo:

    Rafa, o tienes ciertos conocimientos lingüísticos que nos habías ocultado, o sabes tirar del “google traductor” jaja…

    Bueno, las anecdotas se van sucediendo (como la que acabo de meter en la siguiente entrada, je), pero el día a día no es tan estresante como pueda parecer, la verdad es que todo sucede despacio, con muchos momentos de relax, de pura y simple contemplación placentera del discurrir de los minutos… es muy agradable, a pesar de los momentos complicados…
    Y bueno, en realidad momentos “complicados” espero no tener que vivirlos… ni siquiera el que cuento en la siguiente entrada es complicado. Lo realmente jodido sería que pasara algo gordo de verdad, un ataque armado en toda regla, como el que por ej. vivieron en el 2006 en el Líbano, cuando mi muálima y los alumnos tuvieron que salir por piernas con lo puesto, con grave riesgo para sus vidas, eso si que es “complicado”…

  6. dontriston dijo:

    Yo creo que a tí los milicos te ponen…

    Saludos guerreros.

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