Saliendo.
Mmmmh… otra vez esa sensación, ese inquietante punto de ansiedad que me da al empezar un viaje en solitario, pero que al poco, tras un par de respiraciones profundas y unos amables rayos de sol, me hacen bajar el ritmo de mis pasos, olvidarme del agobio cotidiano y comenzar a ilusionarme por todo lo que está por llegar. Lo hablaba paseando por Pesaro (mi primera escala) con Simona, “viajar es una droga, pero hacerlo en solitario es droga dura…”, y me gusta este tipo de enganche, y lo recomiendo…

De paso por El Cairo.
Puede sonar muy seductor, El Cairo, pero no, cuando te pegas 8 horas en el aeropuerto sin poder salir a ningún lado, no hay seducción que valga. Pero tampoco se puede decir que sea aburrido, más bien todo lo contrario. Simplemente con mirar alrededor es suficiente para estar entretenido, observando por ej. el curioso mundo de la mujer árabe, con la enorme variedad de pañuelos que las cubren total o parcialmente, desde los negros como el carbón hasta los quizá provocadoramente coloridos… A ver si me documento pronto y me aprendo los nombres de los pañuelos, de los vestidos y el significado de todo ello, para así poder contar las cosas de estos asuntos sin meter demasiado la pata. Todo esto ya lo podía traer aprendido desde casa, desde luego, pero me gusta más aprender bien estos detalles in situ.
Fue interesante observar cómo una joven se arreglaba el pañuelo marrón claro que la cubría toda, y con unos hábiles y rapidísimos movimientos se lo quitó por unos instantes dejándonos ver su inesperado pelo rubio y un rostro de una belleza perturbadora, para de repente desaparecer esa visión y aparecer de nuevo ese ser sin edad, sin identidad… Y al poco de suceder esto y mientras observaba la curiosa estampa de un grupo de unas diez mujeres totalmente de negro y tapadas hasta las cejas flanqueando una lujosa tienda de perfumes de esas del “duty free”, de pronto mis orejas se levantaron atónitas ante lo que comenzó a sonar por la megafonía: ¡¡Amparito Roca!! Repito: el pasodoble torero Amparito Roca… ¡ole, con un par!. Creo que esto de la globalización se nos ha escapado de las manos definitivamente…

Llegada a Damasco.
Es sorprendente comprobar cuánta vida hay en una ciudad de estas a las 5 del mañana. Y lo despiertos y vivarachos que están ya todos los que intentan hacer algún negocio contigo, como los taxistas. En la guía, nuevecica de este año, aseguraba que la tarifa oficial para ir al centro era de 700 libras sirias (unos 11 euros). Pero los taxistas me querían hacer ver que en estos últimos meses había habido ciertos cambios en las tarifas oficiales y se habían ido a las 1500 libras… En fin, que ya no me acordaba de que había entrado en territorio “comanche”, hala, a regatear toca… Haciendo gala de un cierto buen humor (necesario, pero complicado cuando llevas dos noches sin dormir sólo dando algunas cabezadas) bajaron hasta 700, pero viendo que el bus estaba en 45, pues oye, a probar el transporte público. Ruina total de autobús, sin duda, pero oye, es mejor esto que el taxi, te mezclas con un montón de gente local, es una buena primera toma de contacto.

En busca de Hostal.
En la guía dice, “los hostales de mochileros suelen estar llenos, conviene reservar”. A las 6 de la mañana un “guía” fortuito que se pegó a mi a dos metros de la puerta del primer hostal, (conseguir una comisión es importante) despertó a gritos al pobre portero que estaba durmiendo en la entrada, y ahí llegó el primer “mafi” que no sabía si significaba que me fuera a la mierda o que estaba completo… Le agradecí al guía su “interés” y decidí esperar hasta las 8 para llamar a más puertas, hora que me parecía más prudencial.
En la espera, un chaval que acababa de abrir un bar me invitó a entrar, ideal para pasar el rato. El jovenzano no hablaba nada que no fuera árabe, y a saber con qué dialecto, aunque bueno, con mi nivel de árabe eso no tenía por que ser un problema, je. Pero aquí es donde se le empieza a sacar rentabilidad a las clases de árabe de este año, y pedir un té no resultó complicado. Otra cosa fue pagar, tras 5 minutos tratando de averiguar el precio, le dejé un billete de 50 sin saber realmente lo que costaba el té… (aún no tengo los cambios, tengo que volver luego a ver si me devuelve algo). Pero lo realmente interesante en el rato pasado en el bar fue ver la televisión. El viernes es aquí el equivalente a nuestro domingo, y estaban recitando el Corán ¡con subtítulos en inglés! El chaval estaba siguiendo el programa casi como abducido por la letanía que brotaba incansable del televisor, y yo iba leyendo perplejo todos los versos. Im-presionante. A cada verso yo me sentía más acojonado y miraba de reojo al chaval por si se percataba de mi desasosiego. Las palabras del profeta repetían incansables que los no creyentes se merecían todo el dolor que uno pudiera imaginar, como agua y aceite hirviendo sobre sus cuerpos, implacable fuego eterno (ah, bueno, de eso algo me explicaron los curas y mis padres) y todo tipo de penalidades (que el miedo tras leerlas me ha hecho borrarlas de mi mente) que Dios ya se encargaría de aplicarles. Pero vamos, que decía el profeta que no había ningún inconveniente en que fueran los fieles los que se encargaran de castigar a los infieles como se merecían, con todo el dolor que fuera posible… y claro, yo estaba cada vez más y más asustado, y mirando al colega a ver si tenía pinta de activista. Pero por suerte, la letanía había obrado el efecto opuesto, a mí, que llevaba dos noches sin dormir me había abierto los ojos como platos, y a él lo había arrullado hasta quedarse plácidamente dormido… Jodida manía esta de los creyentes de adelantarse a la “labor” de Dios de juzgar a la gente. Podían dejar que fuera El, el que hiciera lo que tuviera que hacer, igual se quedaba todo el mundo muy tranquilo…

A las 8 aprendí que “mafi” debe significar “completo”, y eso pasó a ser preocupante cuando me lo habían dicho en los 4 hostales que había en el barrio… Pero había leído en la guía que a veces dejaban dormir en la terraza. Así que pregunté y sí era cierto, pero… ¡las terrazas estaban también llenas! Pero soy un tipo con suerte, y el encargado del “Ghazal” me dijo, “espera, creo que a las 10 igual dejan un colchón libre en la terraza”. La espera en un sillón de mimbre de la entrada con mi cabeza ya derrotada sobre el barrote del otro sillón provocando una ligera tortícolis, mereció la pena.

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Y aquí estoy, la mar de contento escribiendo esto. En la foto, mi cama. Me acabo de despertar de una siesta de 6 horas y media, y la ducha ha sido espectacular (no ya por el cuarto de baño, sino por el contacto con el agua en sí), y es que era ya muyyyyy necesaria.

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¿Y ahora? Pues no sé, no sé si quedarme en Damasco muchos días (puedo estar en la terraza los días que quiera) o si marcharme a Palmira o a otros lugares recomendados por la guía. No hay prisa, no hay planes, no dependo de nadie, nadie depende de mí… ya se verá de dónde sopla el viento.

4 comentarios en “Breve crónica de la llegada”
  1. pily dijo:

    Qué maravilla! me dejas impresionada, y sólo es el comienzo….
    Un besazo muy grande y sigue disfrutando de tu viaje.

  2. morigan dijo:

    Ostia, Pollo, si todas las entradas son como esta, me parece que vamos a estar pegados al blog dia y noche. Muy buena descripcion, me encanta como lo cuentas. Por cierto, no pensaba que en los rezos dijesen esas cosas de martirizar a los infieles, ¡¡¡ como si no tuvieramos sufiente con los politicos !!!… el mundo musulman acaba de perder algunos puntos en mi escala de valores…
    Date una vuelta por Damasco, pero no te pierdas Palmira, dicen que es como viajar 2000 años al pasado.
    Acabo de terminar la primera de Stieg Larsson (bastante buena), y ahora estoy con el mono de leer, asi que ya sabes, cuentanos cosas, y sobre todo, disfruta del viaje

  3. elena dijo:

    Hola, José Luis, qué guay, ya estás allí. Muy bonita tu “suite”. Tendrás buenas vistas, espero, ja,ja.
    Ya nos irás contando qué es lo más interesante de Damasco. Qué envidia ir a Palmira, esperamos tu crónica, que por cierto es muy amena.
    Mejor no pensar en el Corán, ni en lo que pueden estar pensando los fieles mientras nos miran, visto lo visto, ¿no?
    Por cierto, te concreto el punto de recogida, que el otro día te lo dije a ojo, es Homs, con h, está cerca de al-bouqayaa. Se supone que los taxistas de Damasco lo conocen.
    Ah, por cierto, llegaremos con los tres compañeros que vienen de Madrid, una se llama Mª Jose y he hablado con ella por tfno. esta tarde. Ya queda menos. ¿Hace mucha calor? ¿sabes cómo se dice “agua mineral”?
    Un abrazo, y no te pierdas nada, valiente!

  4. dontriston dijo:

    Tiembla mundo islámico: el Pueyo regateador se acerca!!!

    Tú te encuentras a Bin Laden y eres capaz de convertirlo al materialismo ateo…

    Buen viaje.

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