CON EL SUDOR DE TU FRENTE

El que tuvo la ocurrencia de escribir el Génesis, firmó el decreto de la esclavitud legal, y arruinó la vida de los seres humanos. Hasta hoy. Y lo que queda.

 
       

Un tercio del tiempo lo pasamos durmiendo, y el trabajo nos ocupa la mitad del resto de nuestra vida.  Como de la mitad que nos queda para vivir una buena parte hay que dedicarla a labores domésticas y a descansar de esas labores y del propio trabajo, el tiempo que queda disponible de vida para hacer lo que a uno le plazca, es decir, para vivir, es bastante escaso.

Caso especial es cuando se tienen hijos, entonces el tiempo dedicado a ellos se encuadraría en el apartado del placer, de hacer lo que a uno le apetece, en este caso criar hijos, lo cual está muy bien porque da sentido a la vida durante al menos 18 años, pero por otra parte reduce a prácticamente 0 el tiempo libre disponible. En todo caso, es una opción de libre elección.

 

 

 

 

Pero, ¿realmente estamos obligados a aceptar esta condena divina? ¿Vivir “bien” precisa de trabajar todas las horas que lo hacemos, aceptando incluso hacerlo en labores que no sean de nuestro agrado, que no nos aporten nada? Porque son pocos los afortunados que su trabajo les permite realizarse en lo personal.
       

El “sistema” nos tiene cogidos por los genitales, y además parece que nos han adiestrado para que sujetemos la cuerda y estiremos nosotros mismos si queda algo floja… Hipotecas irracionales de por vida, créditos personales para adquirir bienes materiales supuestamente imprescindibles, neveras repletas de alimentos superomega3bioinmunitas, roperos que hubieran vestido y calzado a nuestros padres durante varias vidas, armarios del baño atestados de potingues indispensables de precios escandalosos, salidas nocturnas a los restaurantes más “chic” de la ciudad, etc, etc, etc…

         

Así, la vida se reduce a trabajar para poder pagar todas esas “comodidades” y el tiempo de ocio simplemente desaparece. Sócrates ya apuntó desde su “ignorancia” que “Los ratos de ocio son la mejor de las adquisiciones”.
Si hacemos caso al maestro, y por un simple razonamiento matemático, cuanto más tiempo de ocio tengamos, mejor patrimonio adquirimos.

Y luego hay que saber hacer buen uso del ocio, pero para eso también tuvimos maestros, como Séneca, que explicaba que “Con el ocio el hombre puede alcanzar su fin propio, la felicidad intelectual, pero también, si permanece inerte, el peor de los estados.”

 
     

Pero por lo que parece igual se equivocó Séneca, y el fin propio del ser humano no es la felicidad intelectual, sino la felicidad material. ¿Será así? Bueno, si todo el mundo se comporta igual, quizá sea así.

Cómo era aquella frase… “¡Come mierda!, 5.000 millones de moscas no pueden estar equivocadas”.

HASTA LOS HUEVOS