Archivo del Marzo de 2010

New Mexico

La ruta de vuelta por el sur añadió otras 100 millas a las 1150 de la ida, en total 2000Km que hicimos de tirón, parando sólo a mear y a echar gasolina, es decir, 21 horas conduciendo sin descanso… igual nos podemos apuntar a la próxima prueba en Le Mans, je, je.

El norte nos había ofrecido carreteras de película, me refiero a esas películas en las que aparecen interminables y desoladas carreteras que parecen no llevar a ningún sitio… Siguiendo los consejos de Mathias, escogimos el sur para volver, con la ilusión transmitida por él de que la ruta iba a ser mucho más bonita que la de ida. A pesar de que suponía un apreciable incremento de la ruta, le dimos crédito.

Los primeros kilómetros prometían bastante con unos bonitos paisajes nevados, pero el talante de la carretera no difería mucho a lo vivido en la del norte. De hecho, en los primeros 800 Km apenas nos cruzamos con media docena de pueblos (por llamar de alguna manera a unos puñados de casas que estaban más o menos cerca unas de otras) y 2 ó 3 ciudades (es decir, innumerables comercios de todo tipo a ambos lados de la carretera), y tan solo encontramos dos gasolineras a mano (las cuales aprovechamos ante la apremiante necesidad; habría otras, supongo, pero vete a saber dónde). Pero aún así, lo que más nos sorprendía era el irte encontrado de tanto en tanto con alguna casita aislada en mitad de la nada. Véase en la foto la flecha roja que apunta al hogar que habían plantado allá a lo lejos, con un acceso indeterminado y con la desolación más absoluta como vecindario. Y situaciones como la de la imagen las fuimos encontrando de tanto en tanto durante los casi 1200 Km que separan Santa Fe de  San Antonio, es decir, casi todo New Mexico de norte a sur, y una buen cacho de Texas…

Estas visiones, junto con el lento discurrir de las horas al volante, le hacía perder crédito a Mathias irremediablemente, para también daban de sí para todo tipo de reflexiones. Por ej, intentábamos imaginarnos lo que habían sido aquellas épicas peregrinaciones de colonos hacia la tierra prometida en el lejano oeste. Al conducir por estos lugares, las palabras “épicas” y “lejano” cobran un sentido cargado de autenticidad. Aquellos familias ilusionadas con encontrar un hermoso lugar donde vivir, el osado padre, la devota esposa, los niños, el perro, y todas sus posesiones, subidos a una carreta que se iba a ir desvencijando inexorablemente día tras día y que emprendían un camino desconocido sin asfalto, sin señales indicativas, sin moteles de carretera, sin tiendas donde comprar agua o comida, y con la permanente amenaza de los cabreados indios… y claro, vas pensando todo esto mientras ajustas la temperatura del interior para estar agustito viendo la nieve a través de los cristales, sujetas el volante con una mano mientras con la otras vas echando unos tragos al green-tea “Arizona” y comiendo unos cacahuetes, va sonando un suave y relajante jazz en la radio por satélite, las piernas juguetean al ritmo de la música sin preocuparte del acelerador (el “cruise” es todo un invento), y… entonces te preguntas en silencio qué diablos es eso de ser un aprendiz de viajero… Aquellos intrépidos seres sí que eran auténticos viajeros, locos que estaban dispuestos a enfrentarse a todo lo que les deparara el incierto camino con tal de perseguir su ilusión de una nueva vida. Acojonante.
Quizá alguna de esas casas que íbamos encontrado aisladas “in the middle of nowhere” pertenecían a alguno de aquellos colonos que se terminaron agotando y sin ánimo para seguir plantaron la tienda allí donde se encontraban, y las sucesivas generaciones han permanecido allí aislados ajenos a lo que sucede en el mundo… Porque esa es otra, ¿quién son todos esos seres que viven desperdigados por estos lugares? ¿Dónde van a comprar? ¿Dónde están las escuelas, los bares, incluso las iglesias? ¿Con quién se relacionan? Estoy convencido de que las tribus perdidas en remotas islas de la Polinesia están más investigadas y se tienen más datos sobre ellos, que sobre los habitantes de estas tierras… ¿Hay algún sociólogo y/o antropólogo por ahí interesado en realizar una inusual e interesantísima tesis? Si necesita ayudante, me apunto.

Al acercarnos a San Antonio, el paisaje empezó a cambiar ligeramente, y aparecieron algunas lomas incluso con algo de verde que nos fueron acompañando durante algunos kilómetros. Fue agradable para nuestros agotados ojillos. Y Mathias recuperó algo del crédito perdido, jaja… Luego llegó la noche y nos quedamos sin saber cómo era el resto del paisaje hasta NOLA, esa parte quedaba pendiente para una próxima ocasión, quizá en abril, quién sabe. También quedó pendiente la visita a las cuevas de Carlsbad, altamente recomendadas por Mathias y que probablemente le hubieran hecho subir muchos enteros como programador de rutas, pero lamentablemente no teníamos tiempo, había que entregar el coche de alquiler a la hora, si no nos quedábamos sin seguro y eso no parecía sensato. En cualquier caso, elegir la ruta sur ha sido un acierto, para así podernos llevar una idea más real de lo que supone atravesar Texas y New Mexico. Todo una experiencia por las sensaciones experimentadas. Muy recomendable. Aunque mejor con más tiempo, para poder ir parando en alguno de esos aislados lugares donde probablemente pocos turistas habrán parado. Queda pendiente.

Pero el titular de esta entrada es “New Mexico”, así que creo que ya toca contar algo al respecto. Ya veo que esta entrada no va a ser de las cortas…

Venir a este estado, y más concretamente a Santa Fe, tenía el objetivo (aparte de hacer algo de turismo) de conocer a Jane. Con ella he sido desde enero lo que en inglés llaman “pen-friend”, creo.  Es decir, que nos hemos estado escribiendo correos electrónicos gracias a Mónica, maravilloso ser al que tuve la fortuna de conocer en la época dorada de La Laboral allá por el siglo pasado, y que debido a que ella había estado 3 años en Santa Fe como profesora de español (estas cosas del Ministerio de Educación a las que a mí no me dejan apuntarme por estúpidos asuntos burocráticos), me pasó el correo de Jane por si en mi paseo por estas tierras me quería acercar por allí.

A la hora de elegir destino para el paseo norteamericano Santa Fe se convirtió en una opción interesante, pero a raíz de lo que me contaba Jane y las bonitas y blancas fotos que me enviaba mostrando el intenso frío que allí sufren (normal, la ciudad está a 2000 m.) y dado que las ofertas musicales no eran muy grandes, pues opté por NOLA, con la intención de hacer una visita a Santa Fe. Esta es la explicación de los hechos. En cuanto a Jane, ya desde el primer momento con los correos se mostró como una persona amable, simpática, cercana y encantadora. Todo lo cual, una vez conocida en persona, se ha visto no solo confirmado sino aumentado con otro puñado de agradables calificativos. Cuando supo que íbamos para allá, nos preparó una magnífica agenda para que pudiéramos conocer no solo la ciudad y alrededores, si no también a sus amigos que a la postre eran también amigos de Mónica. Pero no solo eso, también mostró su tremendo interés y generosidad y se desvivió por ayudarnos cuando se enteró de que Inma tenía un terrible dolor de muelas y las pastillas no estaban haciendo el efecto deseado. Llamó a todos sus amigos y conocidos para intentar buscar algún tipo de ayuda para Inma, para que alguien pudiera hacer algo con la maldita muela. Finalmente terminamos en un dentista que sirvió para diagnosticar con más precisión el problema y tener claro cómo tratar el asunto. De este asunto hablaré en la siguiente entrada.
Pues eso, que conocer a Jane en persona ha sido un placer enorme. Y no sólo a Jane, sino a todas las personas que ella nos permitió conocer, y que ahora van a aparecer aquí, cómo no.

Pero antes de entrar con la gente de Santa Fe, tengo que hablar de otros seres que también nos encontramos aquí: ¡¡¡Los tunos!!! Cuando marcharon de NOLA ya nos dijeron que su ruta pasaba por Santa Fe y vimos que había alguna posibilidad de encontrarnos allí, y sí, una noche pudimos coincidir y pasamos de nuevo una agradable velada además de compartir el “hostel”. Fuimos a su encuentro en “El Mesón”, otro de esos restaurantes españoles que los tunos saben rastrear con sagacidad, y allí nos estuvieron contando sus últimas aventuras, en este caso desventuras con su carro, que había cascado el embrague y la bromita les había supuesto $1000… Suerte que la sesión de El Mesón les reportó pingües beneficios, y estaban contentísimos. Ahí les tenemos en la foto con los músicos que esa noche tocaban en el restaurante. Hacían jazz, y eran buenos, pero los triunfadores de la noche fueron Alex y Rafa, sin duda.

De Santa Fe seguían su camino hacia el cañón del Colorado, y luego ya irían bajando de nuevo para acercarse hacia Méjico. Como muy tarde el 16 de abril tienen que pasar la frontera, ya que a Rafa se le acaba el visado, y es mejor no buscarse problemas con los de “la migra”… Así que les deseamos un maravilloso viaje cargado de magníficas aventuras, y nos despedimos hasta ojalá una próxima vez. ¡Esta gente de la Corona de Aragón son más majos…!

Y ahora los de Santa Fe. El miércoles por la noche tocaba cena en casa de Jane. Bueno, lo de por la noche es un decir, en esta ciudad el tema de los horarios no se parece mucho a los de NOLA, ni tampoco a lo de España, desde luego. A las 10 ya estaba todo finiquitado y los múltiples invitados ya habían desfilado hacia sus hogares. A nosotros no nos hubiera importado quedarnos tomando unos tragos hasta las tantas, pero… no parece que esta sea la costumbre por aquí, jaja. Jane preparó una cena espectacular. Como habían estado ella y su marido Sandy en Marruecos hacía poco, aplicaron sus recién aprendidas recetas y fuimos sus conejillos de indias para probar sus platos. Muy bueno todo, magnífico. Y en el centro de la mesa las banderas de España y Marruecos, junto con una puesta en escena exquisita. Aprovechó para invitar a varios de sus amigos, la mayoría amantes de nuestro idioma, y así aparcamos el inglés y practicamos español con todos los presentes. (Recuerdo que se puede pinchar en las fotos, ¿eh?)

Entre los invitados, gente tan peculiar como Dee (de espaldas en la esquina de la foto) y Andy (al lado de Inma). Son artistas. El igual se atreve con la carpintería como con unas hojas en blanco para llenarlas de versos, y ella hace esculturas con fibra de vidrio. Tienen una casa en Llanes donde pasan mucho tiempo, de hecho tienen el corazón un poco dividido.  Pero no menos peculiar es la madre de Dee (a mi derecha), una encantadora señora de 84 años que no quiere renunciar a su vida independiente. De hecho vino con su coche solita, y tan pincha. Pero si hablamos de gente mayor que no se resigna a apalancarse en una mecedora, al fondo al lado de la madre de Dee está Sandy, el marido de Jane. Sandy es una persona adorable, su afable rostro es una mezcla de sosiego, calma, alegría, y a la vez está lleno de vitalidad y energía. A sus 78 años sigue esquiando toda la temporada, pero no en plan dominguero, no, es que la criatura es monitor de esquí y sigue trabajando en ello… Impresionante. Un gran tipo.
A mi izquierda se encuentra Fanny, chilena que lleva aquí ya largo tiempo, y que fue una de las que intentaron ayudar con lo de la muela. Muy maja. Los otros dos invitados eran compañeros de aventuras montañeras con Sandy, también practicantes de español, y simpaticotes ellos. La que falta en la foto es precisamente Jane, que es la que la hacía, claro. Pero bueno, en las siguientes la podemos ver.

El jueves por la tarde Jane nos presentó a María Elena (no tengo foto, lástima), una colombiana absolutamente incontrolable, un terremoto. Su propio hijo le llama cariñosamente “la loca”. En las dos horas que estuvimos charrando (bueno, que estuvo charrando) nos pareció estar viviendo una telenovela de estas sudamericanas… Divertidísima la mujer.

El viernes la cena fue en casa de Sonia. Ella, en el centro de la foto, es de Alicante y es profesora de español aquí. Se encargó de hacer una paella que desde luego estaba buenísima, como no podía ser de otra manera viniendo de una levantina. Vino hace 8 años a dar clase, al poco conoció a Russell y se casaron. Dos niños y otros dos que tiene él parece que la van a tener alejada de la tierra de las paellas por un largo tiempo. Sonia mantiene una dura competición paellera con Marisa, a su derecha en la foto. Pero según los que han podido probar ambas, Marisa tiene una ligera desventaja, normal porque su condición de Sevillana le hace estar en peor posición que una alicantina, pero bueno, me quedé con las ganas de comparar. A Marisa junto con Mathias (a su derecha, nuestro querido proveedor de rutas alternativas) los conocimos en New Orleans. Jane (esta vez si que aparece en la foto) les dio nuestros datos porque se iban a hacer turismo una semanita por Louisiana y nos vimos en NOLA una noche. Nos invitaron al Mulate’s, un famoso restaurante de comida Cajun al que probablemente no habríamos ido de no ser por ellos, y luego nos fuimos a ver una actuación de jazz del tradicional. Una agradable noche, tras la que nos citamos para vernos en Santa Fe, como así ha sido. Marisa y Mathias se casaron el año pasado, ambos llevan unas vidas paralelas de “ex” e hijos (ambos con su parejita) y ahora están todavía flotando en esa nube de los comienzos de una relación, en la que la adolescencia vuelve a impregnar tu cuerpo y tus manos no saben estar quietas ni un momento, jaja… Sencillamente encantadores.

Y el sábado por la mañana tocaba desayuno americano en casa de Dee y Andy, nada que ver con lo sufrido la primera mañana en New Orleans en “Betsy’s Pancake House”. Allí estaba, además de Jane, Teresa, una de las hijas de los dos. Teresa ha pasado bastantes años en Llanes, así que además de ser bilingüe, también tiene su corazón repartido. Ahora estaban de celebración en su casa (Dee no podía ocultar su tremenda emoción) porque le habían dado a Teresa una beca en Princeton para los próximos 5 años, para hacer un doctorado. Teresa estaba más serena que su madre, la verdad, y en lo que estaba pensando era en si podría irse a España ahora unos meses antes de tener que ir a Princeton. Ojalá pueda ir y nos podamos ver allí.
La casa de Dee y Andy era de esas que a mi me hacen ponerme nervioso… por no tener algo así, jaja. Está en mitad del campo (Julia -pronunciese “yulia”-, mi GPS, se vio incapaz de llevarnos hasta la casa) con un montón de terreno con innumerables pinos, y tienen además otras casas donde están los talleres para desarrollar sus trabajos artísticos. Envidiable. Un placer estar allí. Y más en su compañía, claro.

El sábado por la noche pudimos comprobar que sí que hay vida más allá de las 10pm en Santa Fe. No debe ser lo normal, pero si quieres salir de noche, puedes. En un hotel había fiesta con una orquesta latina, y había un montón de gente bailando salsa y otros bailes latinos con bastante destreza muchos de ellos. Dada mi torpeza para estos menesteres, decidí guardar reposo, observar y tomar notas de los pasos. Algún día aprenderé a bailar, lo prometo.
Allí conocimos a Alberto, que está a mi derecha junto con Jacqueline, su compañera, y agarrando a Marisa está Juan, que son muy buenos amigos. Este conquistador latino, madrileño para más señas, se gana la vida como cantante. El solito con su guitarra ha conseguido abrirse camino en esta ciudad, y tiene el suficiente éxito como para poder vivir de la música. Y además ha grabado un disco con temas propios. Si no fuera porque las cosas no le han ido muy bien últimamente en el asunto sentimental, el mozo estaba viviendo una época dorada de verdad. Pero bueno, se le veía animado y con ganas de salir adelante. De hecho pudimos presenciar algunos escarceos ante las presas que se cimbreaban sugerentes por la pista de baile. Y yo tomando notas, claro…

Y en fin, aquí voy a dejar esta entrada. Iba a meter una galería de fotos de Santa Fe y New Mexico, pero lo dejo para otro rato. Quiero despedir la entrada agradeciendo a toda la gente que nos encontramos estos días todo el calor y cariño que nos han transmitido. Ha sido inolvidable. Y también agradecer a Mónica que ha sido la llave que ha abierto esta puerta para conocer a toda esta gente maravillosa.

1150 millas

Ya va la cosa camino de los dos meses en los States… ¿en los States? No sabemos cómo es el estado de Louisiana, ni su capital Baton Rouge, ni ninguna de sus otras ciudades y pueblos, ni las famosas plantaciones que te ofrecen visitar todas las guías… no hemos salido de esta ciudad en casi dos meses.  Igual tocaba un cambio. Y no era mal momento para cambiar ahora que coincidiendo justo con la llegada de la primavera, la temperatura había bajado unos 15 grados de un día para otro.

Un Hyundai Accent nuevecito nos esperaba el lunes por la mañana ajeno al rodaje que le esperaba. El cambio automático te proporciona tanto placer como acojono; apretar a fondo un embrague que no existe te lanza contra el cristal impulsado por el violento frenazo que provoca el pie izquierdo que se hunde en el freno con ese movimiento mecánico aprendido durante tantos miles de kilómetros acumulados con coches “normales”. Por suerte, no siempre algo que puede ir mal va mal, y los repetidos sustos no pasaron de ahí. Atar el pie izquierdo al asiento ayudó mucho en el intento de reducir los sobresaltos.

Y así se fueron sucediendo los kilómetros, perdón, las millas. El botón de “cruise” pronto demostró su utilidad, unos ligeros movimientos de pulgar y fijas la velocidad en el punto que te interesa, es decir, lo que marcaban las señales de tráfico. En ese momento puedes soltar el pie derecho del acelerador, hasta llegar a sentir incluso que quizá también podrías soltar las manos del volante dada la sorprendente ausencia de curvas. ¿Y se podrían cerrar los ojos también…? Ver en las películas las infinitas carreteras que discurren por desérticos paisajes siempre me ha producido una agradable sensación de anhelada libertad; ser el protagonista de una de esas escenas, ha añadido un regustillo de inquietante desamparo… Impresiona comprobar la cantidad de millas y millas que pueden ir acumulándose en el contador sin percibir a tu alrededor ni el más mínimo indicio de presencia humana más allá de los escasos coches que nos acompañaban en la solitaria peregrinación a quién sabe dónde. Los trenes eran otros de los compañeros de viaje, interminables convoyes de más de 100 vagones cargados de millones de libras de quién sabe qué.

19 horas de conducción desde la salida, 1150 millas,  más una noche de motel de carretera, nos llevaron al fin hasta Santa Fe, New Mexico. Nos recibió el sol, cálido, acogedor, podías ponerte la manga corta que hacía tan solo un día NOLA nos había negado. ¡Qué agradable! Dos horas después estaba nevando… Esté país es complicado de entender en muchos aspectos, el clima es uno de ellos.

Y a descansar, en el hostal Santa Fe, peculiar lugar para hablar de él con más calma. Pero eso, con más calma. Jane nos espera a la mañana siguiente con una apretada agenda en el horizonte de los próximos días.

Saliendo al espacio exterior

Los días pasan y uno se ve absorbido por la “rutina” de esta ciudad en la que sus habitantes encuentran con facilidad cualquier escusa para celebrar algo y estar de fiesta. Dejando a un lado las incontables actuaciones musicales que se suceden habitualmente por toda la ciudad, esta semana los irlandeses que viven aquí, o más bien todo aquel que sospecha que igual tiene un ascendiente de la isla aunque sea de hace 27 generaciones, y por extensión todos los amigos de estos tipos con rastros de sangre irlandesa, y ya de paso todo aquel que tiene una camiseta verde por casa y quiere salir a beber cerveza con la peña, han estado celebrando el St. Patricks day, que por supuesto no dura un day, si no más de una semana… En los desfiles (aquí no se concibe una celebración sin su “parade”) además de los tradicionales collares, les daba por tirar diversos alimentos, entre otros patatas, zanahorias, coles… (celebran que viven en la abundancia, dicen). Eso sí, mucha gente del público aprovechaba para no tener que pasar por el super en un mes. Nosotros, con un par de coles y una zanahoria para hacer una comida, nos conformamos. Mañana es el último desfile, y lo celebran junto con los italianos (que también tuvieron su “parade” hace dos semanas, pero que no tienen inconveniente en repetir con los irlandeses), pero creo que vamos a pasar de él, todo tiene un límite. Si no llueve, me iré a correr una 5K que han organizado por el centro de la ciudad, espero que lejos de los del desfile…

Imagen de previsualización de YouTube

Y es que ya hace más de mes y medio que estamos “encerrados” en esta ciudad, así que hemos decidido escapar unos días, y además lejos, para desconectar de este descontrol. Destino: Santa Fe, New Mexico. Allí nos espera Jane, amiga de Mónica que es amiga de… bueno, ya iré contando cuando estemos por allí. Salida, el lunes con un coche de alquiler. Las opciones de transporte público no han salido adelante, había posibilidades pero… este país no está muy puesto en este asunto del transporte comunitario.
Una semanita de viaje, y el 29 de vuelta en NOLA, que tenemos que ver a Pau Gasol apalizando a los Hornets (pero estaremos calladitos, no sea que nos zurren, claro…)

Hala pues.

Pasa la tuna

Varios días ya sin escribir nada en el blog… La vida en NOLA resulta cada vez más complicada, esta ciudad te lo pone cada día más difícil para pasar por casa; ayudan bastante las primaverales temperaturas, sin duda.

Así que ahora que la tuna ya ha pasado dejando su estela de buenos recuerdos, voy a presentar aquí a alguno de los personajes que su presencia nos ha permitido conocer. La idea de viaje de Alex y Rafa en su faceta de tunos es localizar todos los restaurantes españoles que se encuentren en las ciudades a su paso, y presentarse en ellos para ver si les dejan amenizar la cena a los comensales y así pasar la gorra. En NOLA hay, que sepamos, 4 restaurantes regentados por hispanos de la península, además de algún otro que se cuelga la etiqueta ibérica pero que lo llevan hispanos del cono sur. Y entre los de nuestra tierra, después de su paso por el “Madrid” (300 Harrison Av, para los que vengáis de visita) al día siguiente fueron al Lola’s, que es el restaurante de Angel, maravillosa persona que lleva en esta ciudad algo así como 30 años, y que consigue con su buen karma que este diminuto local tenga un algo especial que le permite estar lleno todos los días (3312 Esplanade Av). Lola era su madre, es la que se puede ver en la esquina de abajo en la foto. Ángel no solamente acogió de buen grado a Rafa y Alex, sino que también nos adoptó a nosotros que pululábamos por allí siguiendo las peripecias tuneras. Nos invitó a cenar y luego a su casa, y allí entre ron y ron íbamos esparciendo historias en la noche, todo muy apacible, muy familiar, muy como si nos conociéramos de toda la vida. Es lo que tiene el buen karma.

Al día siguiente nos volvimos a reunir todos (con Ángel y también se pasó Marcella) en otro de los restaurantes de españoles. En el 611 de Frenchmen St, escaleras arriba del Apple Barrel, te encuentras con un garito al que si llegas de casualidad sólo te quedarías a cenar por recomendación de terceros. El Adolfo’s, pese a que Adolfo es de Huelva, pasa por ser un restaurante italiano. Adolfo descubrió en su día que la comida italiana atraía a más clientela y no dudó hacerse pasar por transalpino, business is business. Pero la vida de este personaje debe ser sin duda para escribir varios tomos, al menos a tenor de lo que sabemos y de las buenas vibraciones que también se percibían a su lado. Adolfo recaló en New Orleans por casualidad. Tenía unos 20 años cuando estaba viajando por sudamérica y trataba de regresar a España. Es así como se metió de polizón en un barco que iba a Portugal y allí viajó escondido hasta que cuando el barco estaba llegando a puerto, se tiró al mar y llegó nadando hasta tierra firme. Su sorpresa fue cuando se dio cuenta de que la gente que se encontraba por la calle no falaba portugués, si no inglés… Se encontraba en Nueva Orleans. Estuvo unos días intentando encontrar otro barco que fuera, esta vez sí, a cruzar el Atlántico y como no encontraba nada se dirigió a los de inmigración a decirles que se quería volver a España, que lo deportaran. Los de “la migra” no debieron dar crédito ante tal petición, alguien que se había colado en su fantástico país de las oportunidades y que prefería largarse, y pasaron de él. Y hasta hoy, treintaitantos años después, aquí sigue. Y entre Abitas (una agradable cerveza local) rones y absentas, este incalificable personaje (adorable, eso sí), nos iba contando historias una tras otra hasta que el cansancio del largo día y el nivel de alcohol en sangre de algunos (pertenecer a la tuna no garantiza inmunidad frente al alcohol, jeje) puso punto final a la agradable noche. A otros, el alcohol no nos permitía hacer mejores fotos…

Al día siguiente la tuna siguió haciendo ronda por los lugares conocidos así como por otros nuevos, y la noche la volvimos a acabar en casa de Ángel, tras una nueva invitación a cenar en su acogedor restaurante, y esta vez con la compañía de Chanell, buena amiga de Ángel, una mulata de la que me voy a abstener de hacer comentarios por no meterme en un jardín del que no sabría cómo salir…
Por cierto, si alguno se ha visto el capítulo de “Españoles por el mundo” en Nueva Orleans (de la TVE), la Sevillana jovencica que sale hablando de su tío, es precisamente la sobrina de Ángel.  Uno que también sale en la secuencia del restaurante al lado de la sobrina, es su hijo, al que Ángel “por fin” ha conseguido echar de casa, decía, jaja…

El lunes por la mañana Alex y Rafa siguieron su camino. Sólo tenían pensado estar en NOLA dos o tres días, y se han quedado casi una semana… Ahora van hacia el oeste, tienen un largo camino por delante y miles de interesantes historias por vivir, seguro. ¡Qué envidia!

Meeting people

Una de las razones que mueven al acto del viaje es el conocer a nuevos seres. Y esto, a poco sociable que seas, sucede con relativa facilidad casi constantemente. Si además pones un anuncio en el “craigslist” (que es una conocida página de clasificados) en el que dices que buscas gente para salir a tomar un té por ahí, las posibilidades de relación aumentan.

Así, anoche estuvimos cenando en casa de Amy, una dulce chica de Minneapolis que se acaba de mudar a NOLA (popular acrónimo de New Orleans – Louisiana) para vivir en una de las pocas ciudades de los EEUU donde según ella puedes encontrar un ambiente que se parezca algo al mediterráneo. Vivió un año en Madrid y otro en Lisboa (eso debió marcarla bastante), y la vida en el lugar que la vio nacer, donde si estás por la calle a la 1 de la madrugada te detienen por sospechoso (a esas horas, ya no hay vida por las calles de la mayoría de estados de norteamérica), la estaba envejeciendo prematuramente. Celebraba su cumpleaños, 27 añicos, y pudimos compartir una agradable velada con sus compañeros de piso y algunos vecinos que se sumaron a la fiesta. Amy es la de más a la izquierda.

De allí nos fuimos con ella y una compañera del piso al Maple Leaf, un local de moda en el que la música en directo empieza a las 11 de la noche, y así todos los días de la semana, todas las semanas del año. Ayer era martes, un martes común y corriente como cualquier otro, y a las 11pm la cola para entrar era tan brutal que parecía un sábado noche en el garito más “in” de Madrid. Tocaba la Rebirth Brass Band, grupo local al parecer bastante famosete, y que se supone que uno no debe dejar de ver si viene a esta ciudad, un “must-see” como dicen los anglos. Y allí estábamos. El Maple es un lugar interesante, pero tal y como lo llevan se convierte en un antro. NOLA debe ser la ciudad sin ley de los EEUU, aquí todo es posible, no hay horarios de cierre, se puede fumar en los bares, se puede beber alcohol por la calle, las pilinguis ofrecen sus cuerpos en Bourbon St. cual si fuera Amsterdam pero sin cristal… Y el Maple Leaf deja entrar a todo aquel que vaya con $12 por delante, desafiando así todas las leyes físicas al respecto de la compresibilidad de los cuerpos humanos… Las otras leyes, las de la máxima concurrencia en locales públicos, no deben existir, intuyo.

En el Maple habíamos quedado con Marcella, una encantadora italiana que lleva saltando de Italia a los States desde el 2005, y que ahora está trabajando de profe de arquitectura en la universidad. La acompañaba Irene, a la que no conocíamos aún, una dicharachera murciana que también lleva algún tiempo por aquí y que gastaba un acento indefinible. La idea era que se conocieran Amy y Marcella, ya que las dos hablan portugués (además de perfecto español) y así podrían practicar. Pero Amy tenía que marcharse con su compañera de piso y dejaron el intercambio lingüístico para otro día. Y allí estábamos charra que te charra con Irene y Marcella en un “break” de los estridentes Rebirth, cuando de pronto vi en la barra a un par de individuos que iban vestidos de tal guisa que pensé “hostias, en mi vida había visto a dos tipos que se pareciesen tanto a unos tunos…”. Pero claro, estamos en NOLA, no en Spain, y el caranaval ya pasó hace tres semanas. Así que dispuesto a disipar mis dudas, me acerqué a ellos y pregunté: “¿Sois tunos?”. Y la respuesta fue: “¿Eres español?”. Dos tunos, señoras y señores, dos tunos en el Maple Leaf de New Orleans. Pero el asunto, ya de por sí “emocionante” (dejemos a un lado los sentimientos que uno pueda tener hacia el mundo de la tuna… si te encuentras a unos tunos en Nueva Orleanas, tiene su punto de emoción, joder), fue aún más impactante cuando descubres que no eran unos tunos cualquiera, no; eran tunos de la Laboral de Tarragona!!!!!  Im-presionante, ¿eh, Morigán, Toñi, Maic…?. Y bueno, ahí estuvimos charrando un buen rato regocijándonos de la pequeñez del mundo. Regocijo que llego al súmmum (se escribe así, eh, que lo he mirado en internet, jaja) cuando descubrimos que uno de ellos era amigo de una amiga nuestra del pueblo… tremendo. Pero cuando ya no había espacio para la sorpresa, todavía quedaba una perla más: este mismo tuno (Alex, “el tortilla”, el de la derecha en la foto. Rafa, a la izquierda), había estado en varias ocasiones en Zaragoza, y su lugar favorito de visita era precisamente mi segundo hogar, La Campana de los Perdidos, y conocía a Rodo, por supuesto… Buf!

Lo de los tunos, dejando ya a un lado las coincidencias cósmicas, tiene también su aquel. Y es cuando se justifica, una vez más, mi auto-denominación de “aprendiz de viajero”. Sólo cuando viajas te das cuenta de lo poco “importante” que es tu vivencia como viajero, ya que el mundo está lleno de gente que se echa la mochila a la espalda (o hasta el traje de tuno) y se van de aquí para allá por meses y meses. Estos dos han iniciado hace poco un periplo que les va a llevar desde Norteamérica hasta Argentina. Han comprado un coche de segunda mano en Miami (bueno, quinta mano creo que dijeron) y pretenden recorrerse todo el continente en 10 meses. El traje de tuno, una guitarra, una pandereta y mucha jeta, les va dando para sacarse las judías de cada día. Van a estar aquí dos o tres días. Ayer estuvieron en el restaurante “Madrid”  (en el que ya estuvimos la semana pasada comiendo una paella) regentado por Juan Hernández, que se vino a los States en el 86, se casó con una yanki, y ahora en segundas nupcias con una Mejicana (la simpática Antonia), y se están buscando la vida en esta ciudad. Y allí en el restaurante, en el que había un grupo de una asociación española en NOLA, se ve que montaron fiesta gorda con el “Viva España”, el “Bésame Mucho” y otras melodías al uso. Para esta noche tienen previsto ir al “Lola’s” y luego al “Barcelona”. Iremos a verles, la cosa promete.

Pero lo que son las cosas, estos a los que yo llamo “viajeros de verdad”, se sentían poquita cosa cuando recordaban a un tipo argentino que conocieron, que con una Honda que se compró en Argentina y 300 dólares, había dado la vuelta al mundo dos veces seguidas… En fin, esto es lo que hay. Al despedirnos les pregunté, ¿queda bien un saxo en una tuna?… Ay, ay, ay, viajar, viajar, qué peligrosa droga.

Los Rebirth, tras su tercera aparición en escena, por fin se agotaron y decidimos marchar para casa. Eran casi las dos, y Marcella hizo de taxista. Hemos quedado para el jueves. Veremos qué nos depara para entonces la Big Easy…

Aquí Marcella a la izquierda e Irene a la derecha, departiendo con los tunos.

Hazte una casita con estas manitas

En esta entrada me voy a limitar a mostrar algunas imágenes para que os hagáis una idea de cómo construyen aquí las casas, así doy respuesta a una petición anterior de Morigán. En otra entrada hablaré sobre los barrios ya visitados por bastantes partes de la ciudad, la forma en la que viven y unas cuantas opiniones al respecto, esperando vuestras aportaciones. Pero eso para la semana que viene. Ahora las imágenes de las construcciones.

Por introducir el tema rápidamente, contar que lo normal es que la casa la monten sobre un montón de pilares de una altura que oscila entre medio metro y un metro, más o menos. No olvidemos que la ciudad está construida por debajo del nivel del mar (y del lago Pontchartrain, que cuando no se tiene cuidado con los diques, tiende a desbordarse…).  Y bueno, sobre esta sencilla estructura de pilares, vas poniendo maderitas con clavos y tornillos, y tira casa pa’rriba… Si aquí hubiera Ikeas, seguro que te venderían casitas de estas. Pero dejo el rollo, ir viendo las fotos y ya se entenderá. Lo de siempre, es una galería de fotos para ir pinchando en ellas y verlas en grande.
Ah, aclaración para algunas de las últimas imágenes. Cuando la casa está acabada, la forran con tela asfáltica (similar a la que ponemos nosotros en el suelo de las terrazas), y luego ya le ponen tablas una apoyada sobre otra dándoles el típico acabado. Para finalizar, una manita de pintura, y ya.

Cuestión de peso

Pasemos a contar cosas de la vida cotidiana, situaciones que captan la atención del ojo que mira con curiosidad. Desconozco si lo que en esta ciudad se puede ver por las calles en relación al peso de las personas es extrapolable a toda la nación, pero de ser así, el asunto es como para estar preocupados, al menos para que ellos estén preocupados.

De verdad, yo nunca había visto niveles de obesidad tan desproporcionada y numerosa como la que aquí puedes observar a diario. Además de las imágenes aquí expuestas, hay otras muchas (algunas increíbles) que nuestros atónitos ojos han vivido pero que la cámara no ha tenido la suerte o habilidad de captar. Parece que si que hay una cierta preocupación entre la sociedad, ya que hay muchos programas de TV que tratan el asunto. Por ej, este miércoles hay un reportaje en la tele de Louisana en la que cuentan el caso de una persona que consiguió rebajar 450 libras su peso (no han dicho en cuánto se ha quedado). El paso a Kg. es fácil, invito a hacer la cuenta…

¿Razones? Bueno, no sé, ahí está el debate. Un par evidentes de las que vives a diario son por un lado la alimentación (raciones interminables aderezadas con pesadísimas salsas de todo tipo -en otra entrada hablaré con más detalles de los alimentos-) y por otro lado el transporte (el coche es como una extremidad más del cuerpo; hasta tienen cajeros “drive-thru“, para sacar el dinero sin salir del coche), así que habrá mucha gente que en todo el día sólo andarán las yardas que tengan de casa al coche y desde donde aparquen éste hasta el curro. Pues eso, dejo que las imágenes hablen por si mismas; ya sabéis, pinchando encima, se hacen más grandes, gordas en este caso.