Paseando por el sur (2ª parte)
Viernes, Abril 18th, 2008Mónica continúa con el relato de su periplo por el sur de la india. Yo ya estoy enganchado…
“Cerca de Anantapur, en el estado de Andra Pradesh, al sur de la India, hay un lugar de lo más curioso al que se puede llegar en autobús. Se trata de una ciudad construida por un hombre-dios que ha conseguido reunir grandes fortunas gracias a sus poderes sobrenaturales. Su apariencia es un tanto estrambótica, tiene el pelo largo, rizado y con mucho volumen, al estilo de Jimmy Hendrix, y suele ir vestido de blanco inmaculado o de naranja azafrán.
Es una ciudad-santuario de culto a él mismo creada por él mismo a base de cobrar por sus milagros.
Los pobres están encantados con él, lo veneran, porque con el dinero que tiene les ha construido hospitales, escuelas, y ha creado las infraestructuras necesarias para abastecer la región con agua potable.
Ah! También se puede llegar allí en tren, como a la mayoría de lugares por remotos que sean en India, y quienes deseen un peregrinaje relámpago, tienen la opción de volar hasta allí mismo, pues parece ser que los milagros también han servido para financiar un aeropuerto con conexiones en Indian Airlines a Bombay y Chenai.
Cuando llegas allí, seas incrédulo o devoto ferviente, y empiezas a ver suntuosos edificios surgidos como de la nada en una región dónde hasta el momento sólo has visto aldeas de gente muy humilde con escasos recursos, es inevitable preguntarse de dónde sale todo aquello.
Se dice, entre otras muchas cosas acerca de este ser tan poderoso, que en una ocasión, logró trasladar en el espacio a una persona. Le mostró un mapa y le preguntó:
- A dónde deseas ser trasladado?
El individuo en cuestión señaló un lugar, y al momento, desapareció, enviado por ese ser poderoso hasta allí.
Cuentan también que gente muy, muy, muy famosa de todos los continentes acude a él para pedirle milagros: figuran en su lista de grandes éxitos algunas resurrecciones y un gran número de curaciones, en persona o a distancia.
Cuando el gurú se pasea por su ciudad, todo el mundo, absolutamente todo el mundo, deja lo que está haciendo y se queda inmóvil, en señal de respeto. Algunos turistas van allí esperando verle pasar porque se dice que quien llega a verle, consigue “ser muy afortunado”.
La noche en que llegué, mientras esperaba que apareciera Rehan, conocí un cubano en el hostal en que me alojé, que había ido allí sólo para verle, pero él era consciente, según contaba de que aquello podía ser prácticamente imposible, pues nadía sabía jamás de antemano si el supermago se hallaba por allí, por otro lugar de India, o en el extranjero… o en el más allá. (…)”