Te informo que en la piel de toro también tenemos claveles de viento.
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Morigán, tremendo relato, y creo recordar que tú y yo lo seguíamos juntos cuando estabamos en la laboral… ¿pueser?
Joooder, aupaedurne, blonde, ladyh, unatoñi… todas juntas… eso no lo aguanta ni Martín Fierro con todos sus primos…
Calancudo… qué bestia… pero en fin, una vez más has dado en el clavo, jeje. Los carteles de la reserva explicaban que no se sabe muy bien las razones por las que tallaban esos menhires, pero barajaban las ya sabidas funerarias, pero también las protectoras y… las sexuales.
]]>“Pero fue a mediados de los 80, en 1986, cuando un alpinista aragonés, Fernando Garrido, protagonizó una de las más grandes gestas que se recuerdan. Fernando batió el récord de permanencia en altura ‘viviendo’ durante 62 días seguidos (66 en total) en la cumbre del Aconcagua. El montañero ascendió, plantó una tienda de campaña en la cumbre de la montaña y aguantó allí, en solitario, más de dos meses. No bajó más que unos metros, a través de la temida Canaleta, para recoger víveres en un depósito que había dejado establecido al pie del tramo final de la ascensión.
Su hazaña cobró picos de gran emotividad gracias a las conexiones radiofónicas que, cada cierto tiempo, realizaba con la cumbre el periodista José María García, a través de un complejo sistema de radioaficionados que le ponían en comunicación con Fernando. García llegó a poner en contacto al Rey y al Presidente del Gobierno de entonces, Felipe González, que le mandaron mensajes de ánimo al montañero. Aquellos testimonios han llegado a formar parte también de la historia de la radio deportiva española.
El récord del mundo de permanencia en altura era de 61 días. Garrido quería superarlo y montó una expedición compleja, a base de comida liofilizada y material médico para dar un carácter científico a su hazaña. Tuvo que desplazar hasta la cumbre incluso una báscula de peso.
Subió a primeros de diciembre de 1985. A los cuatro días de estar en la cumbre, se tuvo que bajar. No lo soportaba. Tenía mal de altura: vómitos, alucinaciones, insomnio… Todos los síntomas se concentraban en Fernando Garrido. Tras un breve descanso en el campo base de Plaza Mulas, a mitad de enero, ya en el 86, volvió a subir con la intención de quedarse. Y se quedó. Se quedó durante otros 62 eternos días, soportando temperaturas cercanas a los setenta grados bajo cero y vientos de casi doscientos kilómetros a la hora.
Terribles alucinaciones
La mayoría del tiempo permaneció tumbado, en la tienda, salvo cuando tenía que hacer tareas de mantenimiento: limpiar, reforzar la tienda con piedras, cargar las baterías, bajar al depósito a por comida. Su cuerpo sufrió un gran deterioro. Perdió el pelo y las uñas de los pies, 15 kilos de peso, congelaciones y necrosis en la nariz y en varios dedos. Su mente pasó por sucesivos estados. Tal vez, lo más aterrador fueran las alucinaciones. Siempre tenía la impresión de que había alguien allí. Se levantaba con la sensación de que alguien había pasado la noche sentado al lado de la tienda.
Con todo, vivió también dramas reales. Como el de un japonés que se acercó hasta su tienda desde otra ruta, el glaciar de los Polacos, para avisar de que su compañero había muerto deshidratado, unos metros más abajo. Garrido acogió al japonés, le dio de comer y de beber, le metió en el saco y le cuidó hasta que una expedición que hizo cumbre se lo pudo llevar.
En su soledad, Fernando hizo de todo. Desde leer y oír música, hasta sufrir miedo cuando los rayos reventaban las piedras de las cumbres -”empecé a creer aún más que Dios existe”, dijo-, según confesó después en su relato. En su balance, en una entrevista a este diario, confesó que “el hecho de ser maño, me ayudó a aguantar en la cumbre”. Una expedición madrileña y Pérez de Tudela le animó bastante.
El día que batió el récord, el día 61, confesó no sentir absolutamente nada, ninguna emoción. Sólo pudo compartirlo con Supervivencio, un muñeco que fue su amuleto durante todo aquel tiempo. En realidad, no disfrutó hasta que, cinco días más tarde, pudo abrazarse con sus compañeros y su novia Maribel en el campamento base. En la actualidad, Garrido es responsable de una empresa de actividades al aire libre con base en Pirineos. ¿Organizará ascensiones al Aconcagua?
]]>Gracias unatoñi y blonde por los consejos cocainómanos. La verdad es que lo de mascarlas (que me dijo que no era masticar, sino chuparlas) no hizo mucho efecto, me fui a dormir como el día anterior a la litera de arriba, y dormí exactamente igual… Pero bueno, cuando llegue a la zona de verdaderas alturas trataré de seguir vuestros consejos y los que me den los lugareños. Para envidia de morigán, decir que voy a ver si puedo hacerme algún 5.000, y si puedo un 6.000 pues también lo intentaré…
Blonde y aupaedurne, creo que no me sería posible aguantar la presión de ir con vosotras dos, qué miedo… y si se junta ladyh, ya ni te cuento… por cierto, ¿ladyh, dónde estás?
Ah, sí que es verdad que no lo de compararme con Brad Pitt, pues como que no… Los que me han comparado lo han hecho con gente como Richard Gere o ahora que pasé por Brasil, con Caetano Veloso… No está mal.